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sábado, 2 de enero de 2016

Año nuevo, cuaderno nuevo


Hoy, Dios nos ha regalado a cada uno de nosotros un cuaderno nuevo de 366 páginas, sin manchas, sin borrones, sin tareas mal hechas, sin respuestas equivocadas, sin quejas de los profesores que haya que llevar firmadas por nuestros padres.

Un cuaderno para que hagamos muchos ejercicios con la primera persona del verbo amar, porque segurito que eso es lo que nos van a preguntar en el examen final.

Un cuaderno para que practiquemos, hasta que nos salga sin ningún error, la transformación de la voz pasiva en voz activa; aquello de pasar del ser servido a servir, que tanto nos recomendó el Maestro.

Un cuaderno para esas tareas de aritmética que se nos hacen a veces tan difíciles... sumar todas esas cosas que Cristo nos dijo que son las que van a valer en el cielo: delicadezas, servicialidades, obras de misericordia... restar, como aquella pobre mujer del evangelio, no de lo que nos sobra sino de lo necesario, para ayudar a los más necesitados.... multiplicar perdones no por 7 sino por 70 veces siete, y dividir entre los pobres, si no todo, por lo menos algo de nuestro sueldo.

Un cuaderno, en fin, para hacer esa tarea que Dios nos ha dejado y que, sin duda alguna, María, que es su Madre y nuestra también, si se lo pedimos hoy nos ayudará a cumplir y a revisar.

Un cuaderno nuevecito para escribir hoy, en la primera página: "Con todo cariño, a mi Madre del cielo".

domingo, 25 de enero de 2015

Otro mundo es posible


"Está cerca el reino de Dios". Con una audacia desconocida, Jesús sorprende a todos anunciando algo que ningún profeta se había atrevido a declarar: Ya está cerca el reino de Dios, con su fuerza creadora de justicia, tratando de reinar entre nosotros". Jesús experimenta a Dios como una Presencia buena y amistosa que está buscando abrirse camino entre nosotros para humanizar nuestra vida.

Por eso, toda la vida de Jesús es una llamada a la esperanza. Hay alternativa. No es verdad que la historia tenga que discurrir por los caminos de injusticia que le trazan los poderosos de la tierra. Es posible un mundo más justo y fraterno. Podemos modificar la trayectoria de la historia.

"Convertíos". Ya no es posible vivir como si nada estuviera pasando. Dios pide a sus hijos e hijas colaboración. Por eso grita Jesús: " Cambiad de manera de pensar y actuar". Somos las personas las que primero hemos de cambiar. Dios no impone nada por la fuerza, pero está siempre atrayendo nuestras conciencias hacia una vida más humana.

"Creed en la Buena Noticia". Tomadla en serio. Despertad de la indiferencia. Movilizad vuestras energías. Creed que es posible humanizar el mundo. Creed en la fuerza liberadora del Evangelio. Creed que es posible la transformación. Introducid en el mundo confianza.

¿Qué hemos hecho de este mensaje apasionante de Jesús? ¿Cómo lo hemos podido olvidar? ¿Con qué lo hemos sustituido? ¿En qué nos estamos entreteniendo si lo primero es "buscar el reino de Dios y su justicia"? ¿Cómo podemos vivir tranquilos observando que el proyecto creador de Dios de una tierra llena de paz y de justicia está siendo aniquilada por los hombres?

viernes, 10 de octubre de 2014

Las buenas obras de la Iglesia Católica

Por José Miguel Arráiz

Nota: Para descargar este artículo en PDF clic AQUI

Introducción
Muy frecuentemente me encuentro personas que mantienen una constante crítica destructiva sobre la Iglesia Católica. Suelen resaltar solo cosas negativas, la mayoría de las veces terminan creando una leyenda negra muy alejada de la realidad, que a su vez es transmitida a otras personas, las cuales en una especie de círculo vicioso comienzan a hacer lo mismo. Es por eso que he querido crear esta sección donde pretendo resaltar todas aquellas cosas buenas que la Iglesia ha hecho por la humanidad. 
Si eres de aquellos que ve solo cosas malas en la Iglesia, te invito a que te tomes un tiempo a revisar estas líneas, investigar si lo que aquí dice es cierto y luego preguntarte sinceramente si la imagen que tienes de la Iglesia corresponde a la realidad.
Y si eres un católico que tiene que enfrentarte frecuentemente a la crítica de tus amigos y conocidos anticatólicos también te invito a leerlas, podrás así ayudarlos a tener una perspectiva más clara y salir de su error. 

LAS BUENAS OBRAS DE LA IGLESIA HOY
He tomado de la Agenzia Fides algunos datos tomados de del «Anuario Estadístico de la Iglesia»  actualizado al 31 de diciembre de 2007.

La Iglesia Católica en África

La Iglesia sostiene en este continente:
12.496 Escuelas maternas 
33.263 Escuelas primarias
9.838 Escuelas secundarias
1.074 Hospitales
5.373 Dispensarios
186 Leproserías
753 Casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos
979 Orfanatos
1.997 Jardines de infancia
1.590 Consultorios matrimoniales
2.947 Centros de educación o reeducación.
1.279 Otras instituciones

La Iglesia Católica en América

La Iglesia sostiene en este continente:
15.788 Escuelas maternas 
22.562 Escuelas primarias
11.053 Escuelas secundarias
1.669 Hospitales
5.663 Dispensarios
38 Leproserías
3.839 Casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos
2.463 Orfanatos
3.715 Jardines de infancia
4.827 Consultorios matrimoniales
13.652 Centros de educación o reeducación.
4.239 Otras instituciones

La Iglesia Católica en Asia

La Iglesia sostiene en este continente:
13.683 Escuelas maternas 
15.698 Escuelas primarias
9.298 Escuelas secundarias
1.102 Hospitales
3.532 Dispensarios
293 Leproserías
2.095 Casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos
3.367 Orfanatos
3.211 Jardines de infancia
969 Consultorios matrimoniales
5.379 Centros de educación o reeducación.
1.870 Otras instituciones

La Iglesia Católica en Europa

La Iglesia sostiene en este continente:
23.602 Escuelas maternas 
17.222 Escuelas primarias
10.338 Escuelas secundarias
1.363 Hospitales
2.947 Dispensarios
3 Leproserías
8.271 Casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos
2.480 Orfanatos
2.524 Jardines de infancia
5.919 Consultorios matrimoniales
10.576 Centros de educación o reeducación.
2.761 Otras instituciones

La Iglesia Católica en Oceanía

La Iglesia sostiene en este continente:
1.695 Escuelas maternas 
2.949 Escuelas primarias
683 Escuelas secundarias
170 Hospitales
573 Dispensarios
1 Leproserías
490 Casas para ancianos, enfermos crónicos, minusválidos
87 Orfanatos
108 Jardines de infancia
294 Consultorios matrimoniales
592 Centros de educación o reeducación.
207 Otras instituciones
En total tenemos que la Iglesia administra un total de 67.264 escuelas maternas frecuentadas por 6.386.497 alumnos; 91.694 escuelas primarias por 29.800.338 alumnos; 41.210 institutos secundarios por 16.778.633 alumnos. Además sigue 1.894.148 jóvenes de las escuelas superiores y 2.837.370 estudiantes universitarios. Los institutos de beneficencia y asistencia administrados en el mundo por la Iglesia comprenden: 5.378 hospitales , 18.088 dispensarios, 521 leproserías, 15.448 casas para ancianos, enfermos crónicos y minusválidos,  9.376 orfanatos, 11.555 jardines de infancia; 13.599 consultorios matrimoniales,  33.146 centros de educación o reeducación social y 10.356 instituciones de otros tipos.
 
ALGUNAS ORGANIZACIONES Y MOVIMIENTOS CATOLICOS

Es imposible recopilar en un solo artículo todas las organizaciones y movimientos católicos, esta recopilación parcial sirva como para muestra de botón.

Cáritas Internationalis
Cáritas
Caritas Internationalis es una confederación de 162 organizaciones católicas de asistencia, desarrollo y servicio social, que trabaja en la construcción de un mundo mejor para los pobres y oprimidos,  en más de 200 países y territorios.
Caritas trabaja sin tener en cuenta la confesión, raza, género o etnia, de sus beneficiarios, y es una de las más amplias redes humanitarias de todo el mundo.
La misión de Caritas se arraiga en la doctrina social de la Iglesia, centrándose  en la dignidad de la persona humana.  El trabajo de Caritas por los pobres manifiesta el amor de Dios por todo lo creado. Caritas cree que los pobres y oprimidos no deben ser objeto de compasión, sino agentes del cambio, en la lucha por erradicar una pobreza que deshumaniza, condiciones inaceptables de vida y trabajo, y estructuras  sociales, políticas, económicas y culturales que son injustas.
Lo que hace única a Caritas es su presencia constante en las comunidades antes, durante y después de las crisis.
Caritas combate la pobreza, la exclusión, la intolerancia y la discriminación. Lo más importante es que habilita a los pobres a participar plenamente en todos los asuntos que afectan sus vidas, e intercede por ellos en los foros nacionales e internacionales.
Algunas de las acciones recientes de Caritas:
Haití: Caristas Internacional ha atendido 2,3 millones de damnificados (12-07-2010)
Caritas España afronta la grave crisis de alimentos en burkina faso y Níger (21-07-2010)
Caritas España financia proyectos para 537.000 personas (28-07-2010)
Cáritas España da trabajo a casi 15 mil personas (2-05-2010)
Cáritas Chile lanza un plan de ayuda para 542.000 damnificados (26-03-2010)
Cáritas saca del hambre a 70.000 personas en Somalia (18-02-2010)
Se han enviado 13 toneladas de ayuda humanitaria a Cuzco (1-02-2010)
Cuatro años tras el gran tsunami, Cáritas ha destinado 373 millones de euro en programas a favor de las víctimas (23-12-2008)
Decisivo papel de Cáritas Perú en la ayuda a damnificados del terremoto (20-08-2007)
Cáritas Perú lanza un plan para atender a 50.000 personas durante 9 meses (31-08-2007)
Red Cáritas EEUU ayuda a damnificados de Katrina (6-09-2005)

Misioneras de la Caridad
Madre Teresa
Es una orden religiosa católica fundada por la Madre Teresa de Calcuta en el año 1950 cuya finalidad es ayudar a los más pobres. Actualmente cuenta con aproximadamente 4500 monjas en más de 133 países que hacen los votos de pobreza, castidad y obediencia más un cuarto voto de servicio libre y de todo corazón a los más pobres de entre los pobres.
Los Hermanos de las Misioneras de la Caridad se fundan en 1963, y una rama contemplativa de las Hermanas se crea en 1976. En 1984 la Madre Teresa fundó junto al Padre Joseph Langford los Padres Misioneros de la Caridad.
Las Misioneras ayudan a refugiados, ex prostitutas, enfermos mentales, niños abandonados, leprosos, víctimas del sida, ancianos y convalecientes. Tienen escuelas atendidas por voluntarios para educar a los niños de la calle, comedores de caridad, y proveen otros servicios de acuerdo con las necesidades de la comunidad. Solo en Calcuta existen 19 casas que acogen hombres y mujeres necesitados, niños huérfanos, enfermos de sida, una escuela de niños de la calle y una colonia de leprosos. Estos servicios son proporcionados a la gente sin tener en cuenta su religión.

Salesianos de Don Bosco
Salesianos
La obra salesiana en el mundo busca prestar un servicio a los jóvenes pobres, abandonados y en peligro, según el camino recorrido a finales del Siglo XIX en el norte de Italia por San Juan Bosco, "Don Bosco" como es más popularmente conocido.
Don Bosco sintió el llamado a vivir esta vocación desde un servicio sacerdotal y paulatinamente fue experimentando diversas iniciativas a favor de estos jóvenes, golpeados duramente por el proceso de industrialización creciente de la época. Así, las obras emprendidas iban desde la asistencia directa proporcionándoles comida, casa, ropa hasta la promoción integral, organizando escuelas y centros de atención, prevención y recreación, naciendo así "la obra de Don Bosco".
En 1888, año de la muerte de Don Bosco, había 773 salesianos y 276 novicios. En la actualidad los salesianos son 16.568 y están presentes en 128 naciones entre las cuales las primeras cinco en número de salesianos son Italia (2669), India ( 2261), España (1297), Polonia (1025) y Brasil (799). Tienen una vasta red de obras que incluyen colegios, centros juveniles, parroquias, centros de atención al niño de la calle, centros misioneros y cooperación con organizaciones oficiales y no gubernamentales en beneficio de la juventud más necesitada. La Familia Salesiana está conformada por un gran número de institutos entre religiosos y laicos de los cuales los principales son la Sociedad de San Francisco de Sales, las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos Cooperadores y la Asociación de Exalumnos Salesianos.
Fe y Alegría
Fe y Alegría
Es un “Movimiento de Educación Popular Integral y Promoción Social” cuya acción se dirige a sectores empobrecidos y excluidos para potenciar su desarrollo personal y participación social.  Nace en Venezuela el 5 de marzo de 1955 cuando se abrieron las puertas de la primera escuela de Fe y Alegría en una barriada marginal del oeste de Caracas, gracias a la generosidad de Abraham Reyes, un humilde albañil que cedió su propia vivienda para acoger a los niños de la zona. Así comienza la evolución de lo que es hoy el "Movimiento Internacional de Educación Popular Integral y Promoción Social Fe y Alegría"
El Movimiento se extendió luego a Ecuador (1964), Panamá (1965), Perú (1966), Bolivia (1966), El Salvador (1969), Colombia (1971), Nicaragua (1974), Guatemala (1976), Brasil (1980), República Dominicana (1990), Paraguay (1992), Argentina (1995),  Honduras (2000), Chile (2004) y Haití (2006). En 1985 se establece Fe y Alegría en España como una plataforma de apoyo a los países latinoamericanos y de difusión del trabajo del Movimiento en Europa; desde 1999 se redefine su misión para asumir nuevos retos en el campo de la cooperación al desarrollo, con el nombre de Fundación Entreculturas-Fe y Alegría.  Son ya 17 el número de países donde operan organizaciones nacionales de Fe y Alegría asociadas  como Federación Internacional.   Además, en Italia se tiene una extensión del Instituto Radiofónico (IRFEYAL) de Ecuador.
 Para el 2006, los alumnos y participantes atendidos llegaba a 1.364.077. El número descontando los registrados en más de un programa es de 938.458. Se opera con una red de 1.603 puntos en los que funcionan 2.796 unidades de servicio: 1.135 son planteles escolares, 56 emisoras de radio, 506 centros de educación a distancia y 905 centros de educación alternativa y servicios. En Fe y Alegría trabajan 37.909 personas, el 97,7% laicos y 2,3% miembros de congregaciones religiosas. Esta cifra no incluye a centenares de colaboradores voluntarios en los distintos países.
La cifra de personas a las que llega la acción del Movimiento bien pudiera estar por los siete millones al año. Además de la educación escolarizada en preescolar, básica y media, se ha abierto espacio a otras formas de acción para la promoción humana, como son: las emisoras de radio, los programas de educación de adultos, capacitación laboral y reinserción escolar, la formación profesional media y superior-universitaria, el fomento de cooperativas y microempresas, así como proyectos de desarrollo comunitario, salud, cultura indígena, formación de educadores, edición de materiales educativos, entre otros.
Manos Unidas
Manos Unidas
Manos Unidas es una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD) católica, de voluntarios, que desde 1960 lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, la falta de instrucción, el subdesarrollo y contra sus causas. Nació como una campaña puntual contra el hambre y a partir de 1978 adquirió plena personalidad jurídica, canónica y civil, como organización, pasando a denominarse "Manos Unidas". Para cumplir su objetivo financia proyectos de desarrollo en los países del Sur y realiza campañas de sensibilización en nuestro país.
Solamente en el año 2008 aprobó 774 proyectos de desarrollo en África, América, Asia y Oceanía (Ver Proyectos de Manos Unidas año 2008)
Legión de María
Legión de María
La Legión de María es una organización apostólica de laicos en la Iglesia Católica con más de 10 millones de miembros activos y millones de auxiliares en el mundo, nació en Dublín, Irlanda el 7 de setiembre de 1921. Las oraciones legionarias se rezan ya en 125 lenguas distintas. Ha sido aprobado por los 6 últimos Papas y fue endorsada por el Concilio Vaticano II.
Funciona con reuniones semanales de grupo, donde se ora, se revisa la actividad apostólica, y se estudian temas formativos para hacer más eficaz el apostolado. Los grupos son mixtos de unos 12 miembros dirigidos por 4 seglares y un sacerdote. Existen grupos para adultos a partir de los 18 años. Para menores de edad hay grupos de semilleros (niños de 5 a 10 años), juveniles (de 11 a 14 años) e Intermedios (de 15 a 18 años).
Parte de su apostolado consiste en realizar un trabajo apostólico concreto cada semana, con duración mínima de dos horas, acompañado de otro legionario, entre las cuales están:
  • Visita a enfermos, ancianos, discapacitados, encarcelados, infectados por el SIDA, drogadictos, etc.
  • Difusión de periódicos y libros católicos. Librería ambulantes.
  • Campañas de alfabetización y clases de cultura.
  • Formación de equipos litúrgicos.
  • Visita a niños en albergues y en hospitales.
  • Contactos callejeros en las calles y parques.
  • Charlas de Planificación Familiar Natural: Método de la Ovulación Billings.
  • Contacto con personas que van a cometer un aborto.
Siervas del plan de Dios
Siervas del plan de Dios
Las siervas del plan de Dios son una fundación de mujeres consagradas a Dios mediante la Plena Disponibilidad Apostólica, que viven en comunidad y se entregan a Dios a través de un servicio evangelizador y solidario. Fueron fundadas por D. Luis Fernando Figari el 15 de agosto de 1998 con la aprobación del entonces Cardenal Augusto Vargas Alzamora S.J. Arzobispo de Lima y Primado del Perú. Forman parte de la Familia Sodálite cuya espiritualidad particular fue aprobada por el Papa Juan Pablo II.
Entre sus muchas labores sirven a los enfermos o doliente en hospitales, clínicas, asilos, hospicios, centros médicos, postas y similares servicios. Realizan una labor de atención profesional y acompañamiento espiritual a los enfermos. Buscan vivir una amorosa solidaridad con los necesitados impulsando proyectos y trabajando en obras de asistencia y promoción humana con espíritu evangélico y desde la enseñanza social de la Iglesia. Realizan también misiones a zonas pobres, alejadas o con pocos agentes pastorales, buscando anunciar al Señor Jesús en respuesta a sus necesidades espirituales y contribuir al alivio de sus necesidades materiales más urgentes.


LA IGLESIA CATOLICA Y SU CONTRIBUCION A LA CIVILIZACION

Como la Iglesia Católica construyó la civilización occidental
La contribución a lo largo de la historia al arte, la música, la arquitectura, la ciencia, el derecho y la economía son innegables. El historiador en su libro “Como la Iglesia Católica construyó la civilización occidental” profundiza en el legado del cristianismo, hoy a menudo desconocido o negado. Concluye que al estudiar la civilización occidental y sus instituciones, estas no han sido fruto de una evolución casual y dispersa. A partir de la herencia de Grecia y Roma, han nacido dentro de una matriz cultural cristiana que, junto con los inevitables fallos humanos, ha supuesto una obra civilizadora decisiva.
Siguiendo la historia de la Iglesia Católica, Woods demuestra en capítulos monográficos las aportaciones que ha hecho a la cultura occidental: la labor civilizadora de los monasterios en la Edad Media, el nacimiento de las universidades, las maravillas del arte de las catedrales, el desarrollo de la ciencia experimental desde finales de la Edad Media, los orígenes del Derecho Internacional, los precedentes de la economía moderna en la Escuela de Salamanca, el desarrollo de las obras de beneficencia cuando nadie se preocupaba por los más pobres, la progresiva erradicación de muchas conductas inhumanas… En conjunto, se ve cómo la fe ha sido una fuente inspiradora de iniciativas y energías para hacer el bien.
Resumen en diapositivas del libro de Thomas Woods “Como la Iglesia Católica construyó la civilización occidental”

Conclusiones

Esto es solo una pequeña muestra de algunas cosas que los anticatólicos deberían tomar en cuenta antes de perseverar en su afán de hablar mal de la Iglesia. Intentaré ir completando este artículo poco a poco, y si tú tienes información que te parece sería apropiado agregar, por favor envíanosla a nuestro correo (apologeticacatolica@hotmail.com) y la revisaré.

Bibliografía

Enciclopedia Wikipedia
Sitio Web de los Salesianos en Argentina
Sitio Web de Fe y Alegría
Sitio Web de la Legión de María
Sitio Web de Siervas del Plan de Dios
Sitio Web de la ONG Manos Unidas
Comentarios de AcePrensa al libro Thomas E. Woods, Cómo la Iglesia católica construyó la civilización Occidental

Papa Francisco: Las ancianitas y el teólogo

Es el Espíritu quien da «la identidad» al cristiano. Por ello –dijo el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada el martes 2 de septiembre en Santa Marta– «tú puedes tener cinco licenciaturas en teología, pero no tener el Espíritu de Dios». Y «quizá tú serás un gran teólogo, pero no eres un cristiano», precisamente «porque no tienes el Espíritu de Dios».

Así, hizo hincapié, «muchas veces nos encontramos, entre nuestros fieles, ancianitas sencillas que quizá no terminaron la escuela primaria, pero que te hablan de las cosas mejor que un teólogo, porque tienen el Espíritu de Cristo». Y propuso el ejemplo de san Pablo, que para sus eficaces predicaciones no poseía particulares referencias académicas –no había tenido cursos de «sabiduría humana en la Lateranense o en la Gregoriana», dijo– sino que hablaba según el Espíritu de Dios.


«Dos veces», destacó el Papa, en el pasaje evangélico de Lucas propuesto por la liturgia (4, 31-37) se encuentra la palabra «autoridad». La gente «se quedaba asombrada de la enseñanza de Jesús porque su palabra estaba llena de autoridad», afirmó el Pontífice. Y después, precisamente al final del pasaje, el evangelista de nuevo escribe que «quedaron todos asombrados y comentaban entre sí: ¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad». En definitiva, continuó, «la gente se asombraba porque Jesús cuando hablaba, cuando predicaba, tenía una autoridad que no tenían los otros predicadores, que no tenían los doctores de la ley, los que enseñaban al pueblo».

La pregunta que hay que hacerse es: «¿qué es esta autoridad de Jesús, esa doctrina nueva que asombra a la gente, esto que es diferente al modo de hablar, de enseñar de los doctores de la ley?». Y la respuesta es decisiva. «Esta autoridad –explicó el Pontífice– es precisamente la identidad singular y especial de Jesús». En efecto, «Jesús no era un predicador común; Jesús no era uno que enseñaba la ley como todos los demás: lo hacía de modo diverso, de un modo nuevo, porque Él tenía la fuerza del Espíritu Santo».

El Papa Francisco recordó que «ayer, en la liturgia, leímos el pasaje en el que Jesús se presenta, visita la sinagoga y refiriéndose a sí mismo, dice aquellas palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a hacer esto”». Confirmando que «la autoridad que tiene Jesús –explicó– viene precisamente de esta unción especial del Espíritu Santo: Jesús es el ungido, el primer ungido, el verdadero ungido». Y «esta unción da autoridad a Jesús». 

«La identidad propia de Jesús es el ser ungido» recalcó el Pontífice. Él es «el Hijo de Dios ungido y enviado, mandado para traer la salvación, la libertad». Por lo tanto, «esta es la identidad de Jesús y por eso la gente decía: “Este hombre tiene una autoridad especial, que no tienen los doctores de la ley que nos enseñan”». Pero, añadió el Papa, «algunos se escandalizaban de esa modalidad de Jesús, de ese estilo de Jesús».

He aquí que la «libertad, la identidad de Jesús, es precisamente la unción del Espíritu Santo». Y nosotros, exhortó el Papa Francisco, podemos preguntarnos cuál es nuestra identidad de cristianos». En la primera carta a los Corintios (2, 10-16) san Pablo lo explica así: «Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu, no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano». Y al respecto, el Pontífice destacó que «la predicación de Pablo» no surge de la «sabiduría humana», porque sus palabras le fueron «enseñadas por el Espíritu». Él, en efecto, evidenció el Papa, «predicaba con la unción del Espíritu, expresando cosas espirituales del Espíritu en términos espirituales».

Pero, puso en guardia el Papa Francisco haciendo propias las expresiones de san Pablo, «el hombre abandonado a sus fuerzas no comprende las cosas del Espíritu de Dios; el hombre por sí solo no puede entender esto». Así, «si nosotros cristianos no entendemos bien las cosas del Espíritu, no damos y no ofrecemos un testimonio, no tenemos identidad». Y a fin de cuentas, «estas cosas del Espíritu» parecen sólo «locura», tanto que los que no tienen una identidad «no son capaces de entenderlas». 

El Pontífice, refiriéndose nuevamente a la carta de san Pablo, recordó que «el hombre movido por el Espíritu, en cambio, juzga cada cosa: es libre, sin poder ser juzgado por ninguno». En efecto, añadió citando las palabras del apóstol, «¿quién ha conocido la mente del Señor? Ahora nosotros tenemos la mente de Cristo, es decir, el Espíritu de Cristo». Y, de hecho, «esta es la identidad cristiana: no tener el espíritu del mundo, ese modo de pensar, ese modo de juzgar».

En definitiva, «lo que da autoridad, lo que da identidad es el Espíritu Santo, la unción del Espíritu Santo». Por eso, según el Papa, «el pueblo no amaba a los predicadores, a los doctores de la ley, porque hablaban, en verdad, de teología, pero no llegaban al corazón, no daban libertad, no eran capaces de hacer que el pueblo encontrase la propia identidad, porque no estaban ungidos por el Espíritu Santo». En cambio, precisó, «la autoridad de Jesús –y la autoridad del cristiano– viene precisamente de esta capacidad de entender las cosas del Espíritu, de hablar la lengua del Espíritu; viene de esta unción del Espíritu Santo».

El Papa Francisco concluyó pidiendo al Señor que nos dé «la identidad cristiana, la que Tú tenías: danos tu Espíritu; danos tu modo de pensar, de sentir, de hablar: es decir, Señor, danos la unción del Espíritu Santo».

Papa Francisco: "Jesús está en medio de la gente, no es un profesor que habla desde la cátedra"

 







Jesús no es un profesor que habla desde la cátedra, sino que está en medio de la gente y se deja tocar para que se curen. Lo dijo el Papa en la homilía de la misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. Al comentar el Evangelio del día, Francisco reflexionó acerca de los tres momentos de la vida del Señor. El primero es la oración. Jesús “transcurre toda la noche rezando a Dios”. Jesús “reza por nosotros. Parece un poco extraño que Él, que ha venido a salvarnos, que tiene el poder” – observó el Papa – “rece al Padre”. Y “lo hace con frecuencia”. Jesús “es el gran intercesor”:
“Él está ante el Padre en este momento, rezando por nosotros. ¡Y esto debe darnos coraje! Porque en los momentos difíciles, de dificultad o de necesidad y de tantas cosas, pensar: ‘Pero Tú estás rezando por mí. Reza por mí. ¡Jesús reza por mí al Padre!’. Es su trabajo de hoy: rezar por nosotros, por su Iglesia. Nosotros olvidamos frecuentemente esto, que Jesús reza por nosotros. Ésta es nuestra fuerza. Decir al Padre: ‘Pero si Tú, Padre, no nos miras, mira a tu Hijo que reza por nosotros’. Desde el primer momento Jesús reza: ha rezado cuando estaba en la tierra y sigue rezando ahora por cada uno de nosotros, por toda la Iglesia”.
Después de la oración, Jesús elige a los doce Apóstoles. El Señor lo dice claramente: “No han sido ustedes los que me han elegido a mí. ¡Soy yo quien los ha elegido a ustedes!”. “Este segundo momento – afirmó el Papa – nos da coraje: ‘¡Yo soy elegido, yo soy una elección del Señor! En el día del Bautismo Él me ha elegido’. Y Pablo, pensando en esto decía: ‘Él me eligió a mí, desde el seno de mi madre’”. Por tanto, nosotros los cristianos, hemos sido elegidos:
“¡Estas son las cosas del amor! El amor no ve si uno tiene rostro feo o rostro bello: ¡ama! Y Jesús hace lo mismo: ama y elige con amor. ¡Y elige a todos! Él, en la lista, no tiene a nadie importante – entre comillas según los criterios del mundo: es gente común. Hay gente común. Pero que tienen una cosa hay que subrayarlo, que todos son pecadores. Jesús ha elegido a los pecadores. Elige a los pecadores. Y ésta es la acusación que le hacen los doctores de la ley, los escribas: ‘Este va a comer con los pecadores, habla con las prostitutas….’. ¡Jesús llama a todos! ¿Recordamos la parábola de las bodas del hijo: cuando los invitados no fueron? ¿Qué hizo el dueño de casa? Envía a sus siervos: ‘¡Vayan y traigan a todos a casa! Buenos y malos’, dice el Evangelio. ¡Jesús ha elegido a todos!”.
Jesús – prosiguió Francisco – también eligió a Judas Iscariote, “que se convirtió en el traidor… El pecador más grande. Pero fue elegido por Jesús”. Después está el tercer momento: “Jesús cercano a la gente”. Muchísimas personas van “a escucharlo y a ser curados de sus enfermedades. Toda la muchedumbre trataba de tocarlo” porque “de Él salía una fuerza que curaba a todos”. Jesús está en medio de su pueblo:
“Non es un profesor, un maestro, un místico que se aleja de la gente y habla desde la cátedra, desde allí. ¡No! Está en medio de la gente; se deja tocar; deja que la gente le pida. Así es Jesús: cercano a la gente. Y esta cercanía no es una cosa nueva para Él: él lo subraya con su modo de actuar, pero es algo que viene de la primera elección de Dios por su pueblo. Dios dice a su pueblo: ‘Piensen, ¿qué pueblo tiene un Dios tan cercano, como Yo lo estoy con ustedes?’. La cercanía de Dios con su pueblo es la cercanía de Jesús con la gente”.
“Así es nuestro Maestro, así es nuestro Señor – concluyó el Papa su homilía –. Es uno que reza, uno que elige a la gente y uno que no tiene vergüenza de estar cerca de la gente. Y esto nos da confianza en Él. Nos encomendamos a Él porque reza, porque nos ha elegido y porque está cerca de nosotros”.

Papa Francisco: "Sin la Madre Iglesia no podemos ir adelante"


Así como sin María no habría existido Jesús, del mismo modo “sin la Iglesia no podemos ir adelante”. Lo dijo el Papa al presidir la Misa matutina en la Capilla de la Casa de Santa Marta en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen Dolorosa:
La Liturgia – afirmó Francisco – después de habernos mostrado la Cruz gloriosa, nos hace ver a la Madre humilde y mansa. En la Carta a los hebreos “Pablo subraya tres palabras fuertes”, cuando dice que Jesús “aprendió, obedeció y padeció”. “Es lo contrario de lo que había sucedido a nuestro padre Adán, que no quiso aprender lo que el Señor mandaba, que no quiso padecer ni obedecer”. Jesús, en cambio, aun siendo Dios, “se despojó, se humilló a sí mismo haciéndose siervo. Ésta es la gloria de la Cruz de Jesús”:
“Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos. Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre”.
El Evangelio nos muestra a María a los pies de la Cruz. Jesús dice a Juan: “He aquí tu madre”. María – afirmó el Papa – “es ungida Madre”:
“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.
“Dos mujeres y dos Madres” – prosiguió explicando el Papa Francisco – y junto a ellas nuestra alma, que como decía el monje Isaac, abad de Stella, “es femenina” y se asemeja “a María y a la Iglesia”:
“Hoy, viendo a esta mujer ante la Cruz, firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento para aprender la obediencia, al verla vemos a la Iglesia y vemos a nuestra Madre. Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia. Y así como nuestros Padres del Paraíso salieron con una promesa, hoy nosotros podemos ir adelante con una esperanza: la esperanza que nos da nuestra Madre María, firme ante la Cruz, y nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica”.

Papa Francisco: Cuando Dios visita

Con su testimonio el cristiano debe mostrar a los demás las mismas actitudes de Dios cuando visita a su pueblo: la cercanía, la compasión, la capacidad de devolver la esperanza. Lo afirmó el Papa Francisco durante la misa que celebró el martes 16 de septiembre.
«Dios ha visitado a su pueblo» es una expresión «que se repite en la Escritura», hizo notar inmediatamente el Pontífice refiriéndola al episodio evangélico de la resurrección del hijo de la viuda de Naín relatado por Lucas (7, 11-17). Son palabras que, precisó, tienen un «sentido especial», diverso de esas expresiones como «Dios ha hablado a su pueblo» o «Dios ha dado los mandamientos a su pueblo» o también «Dios ha enviado un profeta a su pueblo».

Al afirmar que «Dios ha visitado a su pueblo», recalcó, «hay algo más, hay algo nuevo». Se la encuentra en la Escritura, por ejemplo, en relación con la vicisitud de Noemí, de la que —hizo notar el Papa— se dice: «Dios la visitó en su vejez y la hizo abuela». Lo mismo, añadió, «se dice de Isabel, la prima de María: Dios la ha visitado y la hizo madre».
Por lo tanto, «cuando Dios visita a su pueblo, quiere decir que su presencia está allí de manera especial». Y, destacó el Papa Francisco recordando el episodio de Naín, «en este pasaje del Evangelio, donde se relata esta resurrección del muchacho, hijo de la madre que era viuda, el pueblo dice esta frase: Dios nos ha visitado».
¿Por qué usa precisamente esta expresión? ¿Sólo porque Jesús —se preguntó el Pontífice— «ha hecho un milagro?». En realidad hay «más». En efecto, la cuestión fundamental es comprender «cómo visita Dios».
Dios, puso en evidencia el obispo de Roma, visita «antes que nada con su presencia, con su cercanía». En el pasaje evangélico propuesto por la liturgia «se dice que Jesús iba de camino a una ciudad llamada Naín y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío». En esencia «era cercano a la gente: un Dios cercano que logra entender el corazón de la gente, el corazón de su pueblo». Luego, relata Lucas, «ve ese cortejo y se acerca». Por eso «Dios visita a su pueblo», está «en medio de su pueblo, acercándose». La «cercanía es el modo de Dios».
Además, observó nuevamente el Pontífice, «hay una expresión que se repite en la Biblia muchas veces: “El Señor tuvo gran compasión”». Y es precisamente «la misma compasión que, dice el Evangelio, tenía cuando vio a tanta gente como ovejas sin pastor». Es un hecho entonces que, «cuando Dios visita a su pueblo, le está cercano, se le acerca y siente compasión: se conmueve». Él «está profundamente conmovido como lo estuvo ante la tumba de Lázaro». Y conmovido como el padre, en la parábola, cuando ve volver a casa al hijo pródigo.
«Cercanía y compasión: así el Señor visita a su pueblo» reafirmó el Papa Francisco. Y «cuando queremos anunciar el Evangelio, llevar adelante la palabra de Jesús, esta es la senda». En cambio, «la otra senda es la de los maestros, de los predicadores del tiempo: los doctores de la ley, los escribas, los fariseos». Personalidades «lejanas del pueblo», que «hablaban bien, enseñaban bien la ley». Sin embargo, estaban «alejados». Y «esto no era una visita del Señor: era otra cosa». Tanto que «el pueblo no sentía esto como una gracia, porque faltaba la cercanía, faltaba la compasión, es decir, sufrir con el pueblo».
A la «cercanía» y a la «compasión» el Papa añadió «otra palabra que es propia del Señor cuando visita a su pueblo». Escribe Lucas: «El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Él —Jesús— se lo entregó a su madre». Así que, «cuando Dios visita a su pueblo, devuelve al pueblo la esperanza. ¡Siempre!».
Al respecto el Papa Francisco hizo notar que «se puede predicar brillantemente la palabra de Dios» y «han habido en la historia tantos buenos predicadores: pero si estos predicadores no lograron sembrar esperanza, esa predicación no sirve. Es vanidad».
Precisamente la imagen propuesta por el Evangelio de Lucas, sugirió el Pontífice, puede hacernos entender a fondo «lo que significa una visita de Dios a su pueblo». Lo comprendemos «mirando a Jesús en medio de ese gran gentío; mirando a Jesús que se acerca a ese cortejo fúnebre, la madre que llora y Él que le dice “no llores”, quizás la acarició; mirando a Jesús que devolvió el hijo vivo a su mamá». Así, concluyó el Pontífice, podemos «pedir la gracia de que nuestro testimonio de cristianos traiga la visita de Dios a su pueblo, es decir, de cercanía que siembra la esperanza».

Papa Francisco: El perfume de la pecadora

El Señor salva «solamente a quien sabe abrir su corazón y se reconoce pecador». Es la enseñanza que el Papa Francisco dio del pasaje evangélico de san Lucas (7, 36-50) durante la misa que celebró el jueves 18 de septiembre, por la mañana, en Santa Marta. Se trata del relato de la pecadora que, durante la comida en la casa de un fariseo, sin ser ni siquiera invitada, se acerca a Cristo con «un vaso de perfume» y «colocándose detrás junto a sus pies, llorando», comienza «a bañarlos de lágrimas», luego los seca «con sus cabellos», los besa y los unge de perfume.

El Pontífice explicó que precisamente «reconocer los pecados, nuestra miseria, reconocer lo que somos y lo que somos capaces de hacer o hemos hecho es la puerta que se abre a la caricia de Jesús, al perdón de Jesús, a la palabra de Jesús: Vete en paz, tu fe te ha salvado, porque has sido valiente, has sido valerosa en abrir tu corazón a aquel que sólo puede salvarte». Al respecto el Papa repitió una expresión muy querida por él: «el lugar privilegiado para el encuentro con C risto son los propios pecados».
A un oído poco atento esto le «parecería casi una herejía —comentó— pero lo decía también san Pablo» cuando, en la segunda Lectura a los Corintios (12, 9), afirmaba de gloriarse «solamente de dos cosas: de los propios pecados y de Cristo Resucitado que lo ha salvado».
El obispo de Roma introdujo su reflexión reconstruyendo la escena descrita en el pasaje evangélico. Aquel «que había invitado a Jesús al almuerzo —hizo notar— era una persona de un cierto nivel, de cultura, quizás un universitario. Quería escuchar la doctrina de Jesús, porque como buena persona de cultura estaba inquieto», buscaba «conocer más». Y «no parece que fuera una mala persona», como tampoco parecían «los demás que estaban en la mesa». Hasta que irrumpe en el banquete una figura femenina: en el fondo «una mal educada» que «entra justo donde no había sido invitada. Una que no tenía cultura o si la tenía, aquí no lo demostró». En efecto, «entra y hace eso que quiere hacer: sin pedir disculpas, sin pedir permiso». Y en todo esto, observó el Papa, «Jesús la deja actuar».
Es entonces cuando la realidad se revela detrás de la fachada de las buenas maneras con el fariseo que comienza a pensar: «Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando, pues es una pecadora». Este hombre «no era malo», sin embargo, «no logra entender el gesto de la mujer. No logra entender los gestos elementales de la gente». Quizás, destacó el Papa Francisco, «este hombre había olvidado cómo se acaricia a un niño, cómo se consuela a una anciana. En sus teorías y en sus pensamientos, en su vida de gobierno — porque tal vez era un consejero de los fariseos— había olvidado los primeros gestos de la vida que todos nosotros, de recién nacidos, comenzamos a recibir de nuestros padres». En resumen, «estaba alejado de la realidad». Sólo así, continuó el Papa, se explica «la acusación» imputada a Jesús: «¡Este es un santón! Nos habla de cosas hermosas, hace un poco de magia; es un curandero; pero al final no conoce a la gente, porque si supiera de qué clase es esta habría dicho algo».
Hay entonces «dos actitudes» muy diferentes entre sí: por una parte la del «hombre que ve y califica», juzga; y por otro la de la «mujer que llora y hace cosas que parecen locuras», porque utiliza un perfume que «es caro, es costoso». En especial el Pontífice se detuvo en el hecho de que el Evangelio sí utiliza la palabra «unción» para significar que el «perfume de la mujer unge: tiene la capacidad de ser una unción», al contrario de las palabras del fariseo que «no llegan al corazón, no llegan a la realidad».
En medio a estas dos figuras tan antitéticas está Jesús, con «su paciencia, su amor», su «deseo de salvar a todos», que «le lleva a explicar al fariseo qué significa eso que hace esta mujer» y a reprocharle, si bien «con humildad y ternura», por no haber tenido «cortesía» con Él. «He entrado en tu casa —le dice— y no me has dado agua para los pies; no me has dado un beso; no has ungido con óleo mi cabeza. En cambio ella hace todo esto: con sus lágrimas, con sus cabellos, con su perfume».
El Papa evidenció también que el Evangelio no dice «cómo terminó la historia para este hombre», pero dice claramente «cómo terminó para la mujer: “Tus pecados han quedado perdonados”». Una frase, esta, que escandaliza a los comensales, quienes comienzan a confabular entre sí preguntándose: «¿Pero quién es este, que hasta perdona pecados?». Mientras que Jesús prosigue derecho por su camino y «dice esa frase tan repetida en el Evangelio: “Vete en paz, tu fe te ha salvado”». En resumen, «a ella se le dice que sus pecados le son perdonados, a los demás, Jesús les hace ver sólo los gestos y se los explica, incluso los gestos no realizados, o sea lo que no han hecho con Él». Es una diferencia que Francisco ha querido remarcar: en el comportamiento de la mujer «hay mucho, mucho amor», mientras que con respecto a los comensales Jesús «no dice que falta» el amor, «pero lo da a entender». En consecuencia «la palabra salvación —“tu fe te ha salvado”— la dice sólo a la mujer, que es una pecadora. Y la dice porque ella logró llorar sus pecados, confesar sus pecados, decir: “Soy una pecadora”». Por el contrario, «no la dice a esa gente», que incluso «no era mala», sino porque estas personas «creían que no eran pecadoras». Para ellos «los pecadores eran los demás: los publicanos, las prostitutas».
He aquí entonces la enseñanza del Evangelio: «La salvación entra en el corazón solamente cuando abrimos el corazón en la verdad de nuestros pecados». Cierto, observó el obispo de Roma, «ninguno de nosotros irá a hacer el gesto que hizo esta mujer», porque se trata de «un gesto cultural de la época; pero todos nosotros tenemos la posibilidad de llorar, todos nosotros tenemos la posibilidad de abrirnos y decir: Señor, ¡sálvame! Todos nosotros tenemos la posibilidad de encontrarnos con el Señor». También porque, afirmó, «a esa otra gente, en este pasaje del Evangelio, Jesús no dice nada. Pero en otro pasaje dirá esa terrible palabra: “¡Hipócritas, porque os habéis alejado de la realidad, de la verdad!”». Y de nuevo, refiriéndose al ejemplo de esa pecadora, advertirá: «Pensad bien, serán las prostitutas y los publicanos que os precederán en el reino de los cielos». Porque ellos —concluyó— «se sienten pecadores» y «abren su corazón en la confesión de los pecados, en el encuentro con Jesús, que dio su sangre por todos nosotros».

Papa Francisco: 2 condiciones para seguir a Jesús

La palabra de Dios no es «una historieta» para leer, sino una enseñanza que hay que escuchar con el corazón y poner en práctica en la vida diaria. Un compromiso accesible a todos, porque aunque «nosotros la hemos hecho algo difícil», la vida cristiana es «sencilla, sencilla». En efecto, «escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica» son las únicas dos «condiciones» que Jesús pide a quien quiere seguirlo.

En síntesis, para el Papa Francisco este es el significado de las lecturas propuestas por la liturgia del martes 23 de septiembre. Celebrando la misa en Santa Marta, el Pontífice meditó en particular sobre el pasaje del Evangelio de san Lucas (8, 19-21) que narra que la madre y los hermanos de Jesús no logran «acercarse a Él a causa de la multitud». Partiendo de la constatación de que Él pasaba la mayor parte de su tiempo «en la calle, con la gente», el obispo de Roma notó que entre los tantos que lo seguían había personas que percibían «en Él una autoridad nueva, un modo de hablar nuevo», percibían «la fuerza de la salvación» que ofrecía. «El Espíritu Santo —comentó al respecto— tocaba sus corazones para ello».
Pero confundida entre la multitud, observó el Papa, también había gente que seguía a Jesús con otra finalidad. Algunos, «por conveniencia», otros, quizá, por el «deseo de ser más buenos». Un poco «como nosotros», dijo actualizando el discurso, que «tantas veces buscamos a Jesús porque tenemos necesidad de algo, y después lo olvidamos allí, solo». Una historia que se repite, visto que ya entonces Jesús reprochaba a veces a quien lo seguía. Es lo que sucede, por ejemplo, después de la multiplicación de los panes, cuando dice a la gente: «Venís a mí no para escuchar la palabra de Dios, sino porque el otro día os di de comer»; o con los diez leprosos, de los cuales solamente uno vuelve para darle gracias, mientras que «los otros nueve eran felices por su salud y se olvidaron de Jesús».
No obstante todo, afirmó el Papa, «Jesús seguía hablando a la gente» y amándola, hasta tal punto que define a «esa multitud inmensa “mi madre y mis hermanos”». Los familiares de Jesús son, pues, «los que escuchan la palabra de Dios» y «la ponen en práctica». Esta —explicó— «es la vida cristiana: nada más. Sencilla, sencilla. Quizá nosotros la hemos hecho algo difícil, con tantas explicaciones que nadie entiende, pero la vida cristiana es así: escuchar la palabra de Dios y practicarla. Por eso hemos rezado en el salmo: “Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos”, de tu palabra, de tus mandamientos, para practicarlos».
De ahí la invitación a «escuchar la palabra, verdaderamente, en la Biblia, en el Evangelio», meditando las Escrituras para poner en práctica su contenido en la vida diaria. Pero si sólo echamos un vistazo al Evangelio —aclaró el Pontífice—, entonces «esto no es escuchar la palabra de Dios: esto es leer la palabra de Dios como se puede leer una historieta». Mientras que escuchar la palabra de Dios «es leer» y preguntarse: «¿Qué dice esto a mi corazón? ¿Qué me está diciendo Dios con esta palabra». En efecto, sólo así «nuestra vida cambia». Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”».
Esto significa «escuchar la palabra de Dios, escucharla con los oídos y escucharla con el corazón, abrir el corazón a la palabra de Dios». Al contrario, «los enemigos de Jesús escuchaban la palabra de Jesús, pero estaban cerca de Él para encontrar un error, para hacerlo tropezar» y hacerle perder «autoridad. Pero no se preguntaban nunca: “¿Qué me dice Dios a mí con esta palabra?”».
Además, añadió el Pontífice, «Dios no sólo habla a todos, sino también a cada uno de nosotros. El Evangelio se escribió para cada uno de nosotros. Y cuando tomo la Biblia, tomo el Evangelio y leo, debo preguntarme qué me dice el Señor a mí». Por otra parte, «esto es lo que Jesús dice que hacen sus verdaderos parientes, sus verdaderos hermanos: escuchar con el corazón la palabra de Dios. Y luego, dice, “la ponen en práctica”».
Ciertamente, reconoció el Papa Francisco, «es más fácil vivir tranquilamente, sin preocuparse por las exigencias de la palabra de Dios». Pero «también este trabajo lo hizo el Padre por nosotros». En efecto, los mandamientos son precisamente «un modo de poner en práctica» la palabra del Señor. Y lo mismo vale para las bienaventuranzas. En ese pasaje del evangelio de san Mateo, observó el Papa, «están todas las cosas que debemos hacer para poner en práctica la palabra de Dios». En fin, «están las obras de misericordia», también ellas indicadas en el Evangelio de san Mateo, en el capítulo 25. En suma, estos son ejemplos «de lo que quiere Jesús cuando nos pide “poner en práctica” la palabra».
En conclusión, el Pontífice recapituló su reflexión recordando que «mucha gente seguía a Jesús»: algunos «por la novedad», otros «porque tenían necesidad de oír una palabra de consuelo»; pero, en realidad, no eran tantos los que después ponían efectivamente «en práctica la palabra de Dios». Sin embargo, «el Señor hacía su obra porque es misericordioso y perdona a todos, llama a todos, espera a todos, porque es paciente».
También hoy, destacó el Papa, «mucha gente va a la iglesia para escuchar la palabra de Dios, pero quizá no comprenda al predicador cuando predica un poco difícil, o no quiere comprender. Porque también esto es verdad: muchas veces nuestro corazón no quiere comprender». Pero Jesús sigue acogiendo a todos, «incluso a los que van a escuchar la palabra de Dios y después lo traicionan», como Judas, que lo llamaba «amigo». El Señor, reafirmó el Papa, «siembra siempre su palabra», y a cambio «pide solamente un corazón abierto para escucharla y buena voluntad para ponerla en práctica. Por eso, entonces, que la oración de hoy sea la del salmo: “Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos”, es decir, por la senda de tu palabra, para que aprenda con tu guía a ponerla en práctica».

Papa Francisco: "No a los cristianos vanidosos, son como una pompa de jabón"


Cuidémonos de la vanidad que nos aleja de la verdad y nos hace parecer como una burbuja de jabón. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de la mañana de este jueves en la Casa Santa Marta. El Pontífice, basándose en el pasaje del libro de Eclesiastés en la primera lectura, señaló que, aun cuando lo hacen bien, los cristianos deben evitar la tentación de aparentar, de “hacerse ver".
Si tú, "no tienes algo consistente, también tú pasarás como todas las cosas”. Papa Francisco tomó el ejemplo del libro de Eclesiastés para detenerse sobre la vanidad. Una tentación, señaló, que existe no sólo para los paganos, sino también para los cristianos, para "la gente de fe." Jesús, recordó el Papa, "regañó mucho" a los que se jactaban. Para los doctores de la ley, añadió, decía que no deben "pasearse por las plazas" con "ropa de lujo" como "príncipes". Cuando tu rezas, ponía en guardia el Señor: "Por favor, no te hagas ver, no reces porque te vean”, “ora en secreto, entra en tu cuarto”. Lo mismo, dijo el Papa, se debe hacer cuando ayudas a los pobres: "No toques trompeta, hazlo a escondidas”. “El Padre lo ve, es suficiente".


«Pero el vanidoso: ‘pero mira, yo doy este cheque para las obras de la Iglesia’ y hace ver el cheque; luego estafa por otra parte a la Iglesia. Es lo que hace el vanidoso: vive para aparentar. ‘Cuando ayunes – les dice el Señor a éstos – por favor no te hagas el melancólico, el triste, para que todos se den cuenta. Haz penitencia con alegría, para que nadie se dé cuenta. Y la vanidad es así: es para aparentar, vivir para hacerse ver.»

 
"Los cristianos que viven así - continuó – para aparentar, por la vanidad, parecen pavos, se pavonean”. Se dice “yo soy cristiano, yo soy familiar de aquel cura, de aquella monja, de ese obispo, mi familia es una familia cristiana”. "Se jactan". Pero - pregunta el Papa – ¿tu vida con el Señor? ¿Cómo rezas? Tu vida con las obras de misericordia, ¿cómo va? ¿Visitas a los enfermos? “La verdad”. Es por esto que Jesús añadió, “nos dice que debemos construir nuestra casa, es decir, nuestra vida cristiana sobre la roca, en la verdad." En cambio, fue su advertencia, "los vanidosos construyen la casa sobre la arena y la casa ​​cae, la vida cristiana se cae, resbala, porque no es capaz de resistir a las tentaciones":"Cuántos cristianos viven para aparentar. Su vida parece como una burbuja de jabón. ¡Es hermosa la burbuja de jabón! ¡Con todos los colores que tiene! Pero dura un segundo y luego ¿qué? También cuando nos fijamos en algunos monumentos fúnebres, pensamos que es vanidad, porque la verdad es volver a la tierra desnuda, como decía el Siervo de Dios Pablo VI. Nos espera la tierra desnuda, ésta es nuestra verdad final. Mientras tanto ¿me enorgullezco o hago algo? ¿Hago el bien? ¿Busco a Dios? ¿Rezo? Las cosas que tienen consistencia. Y la vanidad es una mentirosa, es imaginativa, se engaña a sí misma, engaña a los vanidosos, porque primero finge que es algo, pero luego con el tiempo llega a creerse lo que en su opinión era. Se la cree, ¡pobrecito!

 
Y 'esto, subrayó, es lo que le pasaba al tetrarca Herodes, que, como leemos en el Evangelio de hoy, se preguntaba con insistencia sobre la identidad de Jesús "La vanidad, -dijo el Papa - siembra un mal malestar, quita la paz. Es como aquellas personas que se maquillan mucho y luego temen que la lluvia les quite todo”. "No nos da paz la vanidad -señaló- sólo la verdad nos da la paz". Por lo tanto, Francesco ha reiterado que la única roca sobre la que construimos nuestra vida es Jesús. "Y pensamos” - dijo – “en esta propuesta del diablo, del demonio, que también tentó a Jesús en el desierto, la vanidad", y dijo: "Ven conmigo , subamos al templo, hagamos el espectáculo; te tiras abajo y todos creemos en ti ". El diablo había presentado a Jesús "la vanidad en una bandeja." La vanidad, dijo el Papa, "es una enfermedad espiritual muy grave":


"Los Padres egipcios del desierto decían que la vanidad es una tentación contra la que hay que luchar toda la vida, porque siempre vuelve a sacarnos la verdad. Y para entender esto decían es como la cebolla. La agarras y la empiezas a pelar. Y pelas la vanidad hoy, un poco de vanidad mañana y toda la vida pelando la vanidad para vencerla. Y al final eres feliz: me quité la vanidad, pelé la cebolla, pero el olor se queda en tu mano. Pidamos al Señor la gracia de no ser vanidosos, de ser verdaderos, con la verdad de la realidad y del Evangelio.



Les dejo 2 frases más:


Papa Francisco: El Evangelio y los ancianos


El Evangelio que hemos escuchado hoy, lo acogemos como el Evangelio del encuentro entre los jóvenes y los ancianos: un encuentro lleno de gozo, lleno de fe y lleno de esperanza.
María es joven, muy joven. Isabel es anciana, pero en ella se ha manifestado la misericordia de Dios y desde hace seis meses, con su marido Zacarías, está en espera de un hijo.
María, también en esta circunstancia, nos muestra el camino: ir al encuentro de su pariente anciana, estar con ella, ciertamente para ayudarla, pero también y, sobre todo, para aprender de ella, que es anciana, una sabiduría de vida.
La primera Lectura, con diversas expresiones, evoca el cuarto mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días en la tierra, que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12). No hay futuro para el pueblo sin este encuentro entre las generaciones, sin que los hijos reciban con reconocimiento el testigo de la vida de las manos de sus padres. Y dentro de este reconocimiento de quien te ha transmitido la vida, existe también el reconocimiento por el Padre que está en los cielos.
Existen a veces generaciones de jóvenes que, por complejas razones históricas y culturales, viven de modo más fuerte la necesidad de independizarse de sus padres, casi de «liberarse» del legado de la generación precedente. Es como un momento de adolescencia rebelde. Pero, si luego no se recupera el encuentro, si no se encuentra un equilibrio nuevo, fecundo entre las generaciones, lo que deriva de ello es un grave empobrecimiento por el pueblo, y la libertad que predomina en la sociedad es una libertad falsa, que casi siempre se transforma en autoritarismo.
El mismo mensaje nos llega de la exhortación del apóstol Pablo dirigida a Timoteo y, a través de él, a la comunidad cristiana. Jesús no abolió la ley de la familia y el paso entre generaciones, sino que la llevó a su cumplimiento. El Señor formó una nueva familia, en la que por encima de los vínculos de sangre prevalece la relación con Él y el cumplimiento de la voluntad de Dios Padre. Pero el amor por Jesús y por el Padre lleva a cumplimiento el amor por los padres, por los hermanos, por los abuelos, renueva las relaciones familiares con la savia del Evangelio y del Espíritu Santo. Y así, san Pablo recomienda a Timoteo, que es pastor y por lo tanto, padre de la comunidad, tener respeto por los ancianos y los familiares, y exhorta a hacerlo con actitud filial: el anciano «como si fuera tu padre», «las mujeres ancianas como madres» (cf. 1Tm 5, 1). El jefe de la comunidad no está exento de esta voluntad de Dios, más bien, la caridad de Cristo lo apremia a hacerlo con un amor más grande. Como la Virgen María, que aun llegando a ser la Madre del Mesías, se siente impulsada por el amor de Dios, que se está encarnando en ella, a ir de prisa con su anciana pariente.
Y volvamos entonces a este «icono» lleno de alegría y esperanza, lleno de fe, lleno de caridad. Podemos pensar que la Virgen María, estando en casa de Isabel, habrá escuchado a ella y al marido Zacarías rezar con las palabras del Salmo responsorial de hoy: «Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud... No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones... Ahora en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu poder, tus hazañas a la nueva generación» (Sal 71, 5.9.18). La joven María escuchaba, y guardaba todo en su corazón. La sabiduría de Isabel y Zacarías enriqueció su ánimo joven; no eran expertos en maternidad y paternidad, porque también para ellos era el primer embarazo, pero eran expertos en la fe, expertos de Dios, expertos de esa esperanza que viene de Él: es de esto lo que el mundo tiene necesidad, en todos los tiempos. María ha sabido escuchar a esos padres ancianos y llenos de estupor, tomó en cuenta su sabiduría, y esta fue preciosa para ella, en su camino de mujer, de esposa, de madre.
Así, la Virgen María nos muestra el camino: el camino del encuentro entre los jóvenes y los ancianos. El futuro de un pueblo supone necesariamente este encuentro: los jóvenes dan la fuerza para hacer caminar al pueblo y los ancianos robustecen esta fuerza con la memoria y la sabiduría popular.

martes, 22 de octubre de 2013

No hay reforma que sirva si antes no se reforma el corazón

 


Últimamente se ha hablado de la necesidad de reformas estructurales. Se ha llegado al punto de reconocer que la forma que tienen esas estructuras ya no responden a las necesidades actuales. Pero, al mismo tiempo, se ha entrado en una serie de discusiones en pro y en contra de esas reformas. Se sabe que es necesario el cambio, pero no es fácil lograr un consenso. Mientras tanto, la sociedad tiene que sufrir las consecuencias de esa falta de acuerdos, y de haber dejado tanto tiempo sin ocuparse de esas reformas. La degradación de la sociedad es la principal consecuencia que se ha tenido que padecer.

La educación, que es una de las estructuras más descuidadas, lejos de haber cumplido con los propósitos que ha enarbolado, se ha convertido en un serio problema: para algunos ha sido sólo un campo en el que se puede encontrar un empleo, para otros ha sido una obligación que cumplir. Por todo ello, se buscan modos para lograr cruzar por esa etapa sin importar si se adquirió o no el conocimiento necesario. Abundan hoy los títulos sin profesionistas. Se corrompieron sindicatos porque encontraron un modo de adquirir ganancias usando la educación como pretexto. En fin, se pueden enunciar muchos de los resultados que han hecho que la estructura actual sobre educación que sea insostenible.

En el fondo, la educación se ha convertido en una simple mercancía de compra y venta, con la que se pueden saciar muchos intereses personales, y no en un elemento esencial de progreso para cada persona, y por tanto, de la sociedad entera.

Lo mismo se puede decir de las estructuras que le dan energía a un país, cuando los motivos de su existencia no están siendo los necesarios para el progreso de todos. Dar nuevas formas a esto, las estructuras de un pueblo, es de suma importancia. Un pueblo sin energía y con una educación deficiente está condenado a una degradación total.

Pero es más importante la reforma de aquello que llamamos "el corazón". Sin una verdadera renovación interior, las personas sólo trabajarán para propiciar un nuevo campo en el que se busque cómo  reacomodarse, y desde allí seguir contentando el egoísmo. Si no hay reformas en el interior de las personas, todo lo que se haga se mirará con sospecha. Sin la reforma del corazón, todo lo que se haga en favor del progreso de todos será analizado con la finalidad de sacar un provecho personal.

No en vano el Señor ha dicho: "donde está tu tesoro, ahí está también tu corazón" Mt 6, 21. Es por ello que el trabajo misionero de la Iglesia, y de cada uno de sus miembros, no puede ignorar que "no se enciende una lámpara para esconderla, sino para iluminar" Mt 5,15. Si se tiene la luz de Dios ¿no debería ser más claro el camino?

Las estructuras sociales no pueden construirse al margen de Dios. "Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles" Sal 127, 1. El mensaje del Evangelio no puede seguir siendo ignorado o puesto al margen, pues, todo lo que Él no ilumina, permanece en la oscuridad, y el resultado seguirá siendo el mismo: la degradación de la sociedad.