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jueves, 19 de febrero de 2015

Respondiendo a los argumentos científicos del movimiento homosexual

En su esfuerzo por dar a la homosexualidad todas las apariencias de normalidad, el movimiento homosexual se ha vuelto hacia la ciencia, intentando probar tres premisas mayores:

1. La homosexualidad es genética o innata;
2. La homosexualidad es irreversible;
3. Una vez que hay animales que tienen vida sexual con otros del mismo sexo, esto es natural.

El artículo concluye que la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.
(del libro gratuito “En defensa de una Ley Superior“)
Los medios de comunicación de izquierda han sido bien solícitos es anticipar el veredicto de la comunidad científica y difundir la falsa impresión de que la ciencia valida la homosexualidad. La evidencia no podía ser más contraria.

“¡Yo nací así!”

El argumento de que los homosexuales “nacieron de esa forma” o de que “está en los genes” condujo a la búsqueda del gen homosexual. Tres proyectos de investigación han sido comúnmente mal interpretados para apoyar esa conclusión, en especial las del Dr. Simon levay, Drs. J. Michael Bailey y Richard C. Pillard, y el Dr. Dean Hamer.[1]La Asociación Médica Católica resume los hechos en Homosexualidad y Esperanza:
Varios investigadores han tratado de encontrar una causa biológica para la atracción entre seres del mismo sexo. Los medios de comunicación han promovido la idea de que un “gen gay” ya ha sido descubierto… pero, a pesar de varios intentos, ninguno de los muy difundidos estudios… ha sido científicamente demostrado. Varios autores han revisado cuidadosamente estos estudios y encontrado que, no sólo éstos no prueban la base genética para la atracción por el mismo sexo, sino que ni siquiera contienen tales declaraciones…

Si la atracción por el mismo sexo estuviese genéticamente determinada, entonces uno esperaría que unos gemelos sean idénticos en sus atracciones sexuales. Hay, sin embargo, numerosos informes sobre gemelos que no son idénticos en sus atracciones sexuales.[2]

El Estudio del Dr. Simon levay

La investigación del Dr. Levay sobre el cerebro se centró en un grupo de células del hipotálamo, conocidas como INAH-3. El alegó haber encontrado “sutiles, pero significativas diferencias” entre las estructuras cerebrales de hombres homosexuales y normales. Concluyó el resumen de su estudio diciendo: 

“Este descubrimiento … sugiere que la orientación sexual tiene un substrato biológico.”[3]Fue tanta y tan descabellada la especulación que siguió a la publicación de su estudio en Science Magazine que el Dr. Levay se sintió impelido a enmendarlo. En 1993, escribió:

Para muchas personas, encontrar una diferencia en la estructura cerebral entre hombres homosexuales y normales equivale a probar que los homosexuales “nacieron así”. Una y otra vez he sido definido como alguien que “probó que la homosexualidad es genética,” o algo así. No lo hice. Mis observaciones fueron hechas sólo en adultos que fueron sexualmente activos por un período considerable de tiempo. No es posible, sólo con base en mis observaciones, decir si las diferencias estructurales estaban presentes al nacer y más tarde, influenciaron a los hombres a hacerse homosexuales o normales; o eso apareció en su vida adulta, quizá como resultado de su conducta sexual.[4]

La insistencia del Dr. Levay en observaciones más amplias es el punto capital de todo el problema. Explicando la investigación hecha por un profesor de neurología en la Universidad de California en Berkeley, Dr. A. Dean Byrd dice:

[El Profesor] Breedlove concluyó que el cerebro no es un órgano estático. Cambia y se ajusta al comportamiento, y, en el caso de este estudio, específicamente a la conducta sexual. Así, cuando alguien se empeña en un acto particular repetidamente, ciertos circuitos nerviosos en el cerebro son fortalecidos. Como el cerebro es un órgano físico, cuando estos circuitos nerviosos son fortalecidos, se reflejan en la química del cerebro. Alguien que repetidamente juega basketball tendrá un cerebro diferente de alguien que estudia técnicas aeroespaciales. Asimismo, el comportamiento de una persona homosexual probablemente produce un resultado diferente en la estructura cerebral. Estudios como el de levay, aunque sean concluyentes, sólo muestran lo que la ciencia ya sabe sobre el cerebro.[5]

El Estudio de Bailey y Pillard

El Estudio de Bailey y Pillard se centró en mellizos. Como el estudio de la Asociación Médica Católica señala, si la homosexualidad es genética, gemelos, que comparten el mismo código genético, deberían tener actitudes idénticas hacia la homosexualidad.Sin embargo, los Drs. Bailey y Pillard no pudieron establecer esto. Su estudio probó que, cuando un gemelo era homosexual, había aproximadamente una probabilidad 50/50 de que el otro gemelo fuese también homosexual. No obstante, esta probabilidad 50/50 es más bien atribuible a la influencia de la cultura circundante y del otro gemelo.

Como el Dr. Byrd señala: “El único punto esencial que emerge de la investigación de Bailey y Pillard realmente probó que las influencias ambientales juegan un fuerte papel en el desarrollo de la homosexualidad.” [6]

El estudio del Dr. Dean H. Hamer

Mucha gente equivocadamente cree que Dr. Dean H. Hamer descubrió el “gen gay”. Su investigación del ADN se centró en una pequeña parte del cromosoma X en la posición Xq28. Después de analizar esta secuencia de ADN en cuarenta pares de hermanos homosexuales, concluyó que los mismos marcadores genéticos existían en el 83% de ellos.Sus hallazgos fueron mal interpretados, como siendo una prueba de que la homosexualidad es genética y hereditaria. Sin embargo, como el mismo Dr. Hamer afirmó:

La herencia no produjo lo que originalmente esperábamos encontrar: una simple herencia Mendeliana. De hecho, nunca encontramos una sola familia en la cual la homosexualidad hubiese sido transmitida según el obvio modelo que Mendel observó en sus plantas de guisantes.[7]

El Dr. George Rice realizó de nuevo la investigación del Dr. Hamer, pero con diferentes resultados. Esto llevó al Dr. Rice a concluir: “Nuestros datos no apoyan la presencia de un gen de amplio efecto que influencie la orientación sexual en la posición Xq28.” [8]
Neil Whitehead, un Ph.D. En bioquímica, afirmó: “la homosexualidad no es innata, no es dictada genéticamente, no es inmutable.” [9]

“¡Yo no puedo cambiar!”

Nada es más devastador para la agenda homosexual que la afirmación de que la homosexualidad puede ser curada. En realidad, si la homosexualidad es genética, dominante e irreversible, entonces nadie es responsable por los actos sexuales desviados, una vez que no pueden ser resistidos o cambiados cuando se desea.Sin embargo, el hecho innegable es que, actuando sobre el comportamiento homosexual pasado, la terapia psicológica probó ser exitosa en disminuir, y en muchos casos aun eliminar, la atracción indeseada por el mismo sexo. Esto desconcierta a los activistas homosexuales radicales.[10]

Por esta razón, el movimiento homosexual ostenta una marcada aversión hacia aquellos que sugerirían que la homosexualidad puede ser revertida o curada. Por ejemplo, el Dr. C. C. Tripp declaró en un debate público: “No hay una solo caso registrado de un cambio en la orientación homosexual que haya sido considerado válido por jueces externos o por análisis.”[11]
Basado en su experiencia profesional, el Dr. Lawrence Hatterer respondió:

Yo he “curado” a muchos homosexuales… Cualquier otro investigador puede examinar mi trabajo porque está todo documentado en 10 años de cintas magnéticas. Muchos de estos pacientes “curados” (prefiero usar la palabra “cambiados”) se han casado, tenido familias y vivido felices. Es un mito destructivo que “una vez que es homosexual, siempre lo será.”[12]

Enfrentado con la evidencia, aun el Dr. Robert L. Spitzer, que dirigió la campaña en la Asociación Psiquiátrica Norteamericana para suprimir la homosexualidad de la lista de desórdenes psiquiátricos, cambió de opinión: “Como la mayoría de los psiquiatras, yo pensaba que el comportamiento homosexual no podía ser resistido, pues la orientación sexual no podía ser cambiada. Ahora creo que eso es falso: algunas personas pueden y hacen el cambio.”[13]

En un estudio sobre 200 ex-homosexuales, hecho el año 2001, el Dr. Spitzer encontró que la religión era una razón muy importante por la que muchos abandonaron la homosexualidad: “Las dos razones más comunes para buscar el cambio eran que vivir como un homosexual o lesbiana ya no era satisfactorio (81%) y que el comportamiento homosexual estaba reñido con la religión del participante (79%).”[14]

Los resultados significativamente positivos de la terapia simplemente no pueden ser ignorados. La declaración Homosexualidad y Esperanza, de la Asociación Médica Católica observa:

Varios terapeutas han escrito extensamente sobre los resultados positivos de la terapia para la atracción homosexual. Revistas de tratamiento para las atracciones no deseadas hacia el mismo sexo muestran que es tan exitoso como el tratamiento para problemas psicológicos similares: alrededor del 30% se libera de los síntomas y otro 30% experimenta una mejoría.
Relatos de algunos terapeutas han sido igualmente positivos… Esto es sólo una muestra representativa de los terapeutas que relatan resultados exitosos en el tratamiento de personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo.[15]

Si la terapia para la atracción no deseada por el mismo sexo registra una tasa de éxito del 30% (y otro 30% son parcialmente curados) en la sociedad hedonista de hoy, ¿cuánto más éxito se podría esperar en una cultura verdaderamente católica que proporcione todos los elementos para la práctica de la virtud?

“Si los animales lo hacen, entonces debe ser natural”

Conscientes de la debilidad científica de sus dos primeras premisas, los activistas homosexuales a menudo usan la tercera premisa basada en el comportamiento animal.El raciocinio que está por detrás de esta tercera premisa científica homosexual podría ser formulado así: “El comportamiento homosexual se observa en animales. Los animales siguen sus instintos de acuerdo con su naturaleza. Por tanto, la homosexualidad está de acuerdo con la naturaleza animal. Una vez que el hombre es también animal, entonces la homosexualidad debe también estar de acuerdo con la naturaleza humana.”

¿El infanticidio y el canibalismo son también parte de la naturaleza humana?

Esta tipo de raciocinio homosexual es insostenible. Quienes lo aplican a actos aparentemente homosexuales entre animales deben aceptar también otras formas de comportamiento animal, tales como el que los padres maten a sus descendientes, o que algunas especies se devoren entre sí, pues están de acuerdo con la naturaleza animal.[16]Aplicando este raciocinio al hombre (porque también es animal) forzaría a aceptar la conclusión absurda de que el infanticidio y el canibalismo están de acuerdo con la naturaleza humana.[17]

No existe en animales un “instinto homosexual”

Cualquiera que se ocupe de la más elemental observación animal es forzado a concluir que la “homosexualidad” animal, el infanticidio y el canibalismo son excepciones al comportamiento normal animal. En consecuencia, no se puede hablar de ellos como de instintos en la naturaleza animal. Estas formas observables y excepcionales de comportamiento animal resultan de otros factores que están más allá de los instintos normales.

Explicando el problema: estímulos que se chocan e instintos confusos

Explicando el problema de estos comportamientos, la primera observación debe ser el hecho de que los instintos animales no están atados por el determinismo absoluto de la leyes físicas que gobiernan el mundo mineral. En varios grados, todos los seres vivos pueden adaptarse en algo a las circunstancias. Ellos responden a estímulos internos o externos.En segundo lugar, la cognición animal es puramente sensorial, limitada a sonidos, olores, tacto, gustos e imágenes. Así, ellos no tienen la precisión y claridad de la percepción intelectual humana. Por lo tanto, no es raro que los animales confundan una sensación con otra o un objeto con otro.

Los instintos mueven un animal hacia un fin de acuerdo con su naturaleza. Sin embargo, la confianza espontánea del impulso instintivo puede sufrir modificaciones en su curso, cuando otras imágenes sensoriales, percepciones o memorias pueden entrar en juego como nuevos estímulos que afectan el comportamiento del animal. También, el conflicto de dos o más instintos puede a veces modificar el impulso original.

En el hombre, cuando dos reacciones instintivas se chocan, el intelecto determina el mejor camino a seguir, y la voluntad entonces refrena un instinto mientras estimula el otro.

Con animales, dada la ausencia de intelecto y voluntad, cuando dos impulsos instintivos chocan, prevalece aquel más favorecido por las circunstancias. Esto resulta en casos observables de “infanticidio” animal, canibalismo y “homosexualidad.”

“Infanticidio” animal

Sarah Hartwell explica que gatos matan sus gatitos como resultado de recibir señales mezcladas de sus instintos:La mayoría de las gatas pueden conmutar entre “el modo de jugar” y “el modo de cazar” para no dañar a sus crías. En las gatas este desconectar del “modo de cazar” puede ser incompleto y, cuando ellas están muy excitadas con el juego, el instinto “cazador” se refuerza y ellas pueden matar a los gatitos. El instinto de caza es tan fuerte, y es tan duro desactivarlo cuando la presa está presente, que el descuartizar y aun el comer los gatitos puede seguirse… Compare el tamaño, sonido y actividad de gatitos con el tamaño, sonido y actividad de la presa. Ambos son pequeños, tienen voces chillonas y tienen movimientos rápidos y erráticos. Todo esto dispara el comportamiento cazador. En la gata, el comportamiento maternal no siempre puede sobrepasar el comportamiento cazador y ella trata a los gatitos exactamente del mismo modo como trataría a una presa pequeña. Sus instintos están confundidos.[18]

Canibalismo animal

A respecto del canibalismo animal la revista Iran Nature and Wildlife Magazine comenta:[Un] caníbal es un animal que se alimenta de otros de su propia especie… Alrededor de 140 especies diferentes muestran tendencias caníbales en varias situaciones. El canibalismo es más común entre vertebrados inferiores e invertebrados, a menudo debido a que el animal depredador confunde a uno de su especie con una presa. Pero también ocurre entre pájaros y mamíferos, especialmente cuando la comida es escasa.[19]

Comportamiento animal “homosexual”

Exactamente porque los animales carecen de razón, sus medios de expresar sus estados afectivos (temor, placer, dolor, deseo, etc.) Son limitados. Los animales carecen de los ricos recursos de que el hombre dispone de adaptar su modo de hablar, mirar y hacer gestos para expresar sentimientos. En consecuencia, los animales a menudo expresan ambiguamente sus estados afectivos. Ellos piden prestadas, por así decir, las manifestaciones del instinto de reproducción para manifestar los instintos de dominio, agresividad, temor, gregarismo, etc.Un ejemplo típico de este fenómeno puede ser visto con bonobos. Estos mamíferos de la familia de los chimpancés mantienen un comportamiento aparentemente sexual. Estas actitudes sexuales son su manera de expresar dominio, temor, aceptación y otros estados afectivos. Así, Frans B. M. De Waal, que pasó cientos de horas observando y filmando bonobos, dice:
Hay dos razones para creer que la actividad sexual [comportamiento] es la respuesta del bonobo para evitar conflicto. Primero, cualquier cosa, no solamente el alimento, que despierta el interés de más de un bonobo a la vez tiende a resultar en contacto sexual. Si dos bonobos se aproximan a una caja de cartón lanzada dentro de su cerca, ellos rápidamente montarán encima del otro antes de jugar con la caja. Tales situaciones conducen a riñas en la mayoría de las otras especies. Pero los bonobos son enteramente tolerantes, quizá porque ellos usan el sexo para apartar la atención ydiluir la tensión.

Segundo, la actividad sexual de los bonobos a menudo ocurre en contextos agresivos sin relación alguna con la comida. Un macho celoso podría expulsar a otro lejos de la hembra, después de lo cual los dos machos se reúnen y realizan un frotamiento de los órganos sexuales. O después de que una hembra golpea a una cría, la madre de esta última puede embestir a la agresora, acción que es inmediatamente seguida por un frotamiento de los genitales entre las dos adultas.[20]
Otra explicación para el comportamiento aparentemente “homosexual” entre animales es la confusión al identificar al otro sexo. Mientras más bajas sean las especies en la escala animal, más tenues y difíciles de detectar son las diferencias entre sexos, llevando a confusiones más frecuentes.

En todo caso, permanece el hecho de que, cualesquiera sean las apariencias que el comportamiento animal “homosexual” pueda asumir, ellas no vienen de un instinto “homosexual” que sea parte de la naturaleza animal. El Dr. Antonio Pardo, Profesor de Bioética en la Universidad de Navarra, España, explica:
Hablando en términos precisos, la homosexualidad no existe entre animales… Por razones de supervivencia, el instinto reproductivo entre animales es siempre dirigido hacia un individuo del sexo opuesto. Por tanto, un animal nunca puede ser homosexual como tal. Sin embargo, la interacción de otros instintos (particularmente el dominio) puede resultar en comportamiento que parezca ser homosexual. Tal comportamiento no puede ser considerado equivalente a una homosexualidad animal. Todo esto significa que el comportamiento sexual animal abarca aspectos más allá de la reproducción.[21]

Concluyendo, la homosexualidad no es sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza animal.

Fuente: accionfamilia.org





Factores causantes de la homosexualidad



Los orígenes de las inclinaciones y los comportamientos homosexuales

Introducción
En la actualidad, la mayoría de los católicos saben muy poco o nada acerca de las causas emocionales de la inclinación y conducta homosexuales. Tampoco conocen el poderoso papel que la espiritualidad católica puede jugar en la curación de la homosexualidad.
Las razones de esta ignorancia son muchas e incluyen: la escasa difusión de escritos que traten sobre el valor de la fe católica y de los sacramentos para la curación de la homosexualidad; el fracaso de la terapia tradicional en lograr el mismo objetivo; las opiniones en las Asociaciones de Psiquiatría y Psicología de EE.UU de que la homosexualidad no es un desorden; la influencia que poderosos grupos ejercen sobre los medios de comunicación social y sobre la educación, los servicios sociales, los servicios de salud y la política. Además, hay muchas personas y grupos dentro de la misma Iglesia que tratan de desvirtuar la doctrina moral tradicional sobre este tema.
La falta de conocimiento sobre las causas de la homosexualidad se extiende también a aquellos que dirigen a adolescentes y adultos. Los terapistas frecuentemente dicen a aquellos que buscan ayuda en este sentido, que la doctrina de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad es insensible hacia los homosexuales, poco científica y errónea. Les aconsejan que se acepten como personas creadas homosexuales por Dios. Desafortunadamente, los que así aconsejan son poco conscientes de los conflictos emocionales que causan la homosexualidad, así como del poder de curación existente a través del perdón y de la espiritualidad católica.
En mi experiencia clínica de los últimos 20 años, he sido testigo de la curación del dolor emocional que causaba la homosexualidad en varios cientos de hombres y mujeres. Su proceso de curación ocurrió, primero, a través de una psicoterapia que identificaba los orígenes de sus conflictos, y luego, por medio del perdón y de una espiritualidad católica.
Tal enfoque es similar al uso de la espiritualidad en el tratamiento del abuso de sustancias. Las mejorías radicales en el tratamiento de este problema ocurrieron sólo después de que la confianza en Dios se propusiera como la piedra angular del tratamiento. Anteriormente, la psicoterapia tradicional, por sí sola, sólo producía mejorías mínimas. El uso de la espiritualidad en el tratamiento de la homosexualidad ha seguido un modelo parecido.
Los orígenes de la homosexualidad
Los conflictos más comunes que predisponen a las personas hacia la homosexualidad son 1- la soledad y la tristeza, 2- profundos sentimientos de ser inadecuado y la falta de autoaceptación, 3- la desconfianza y el miedo, 4- el narcicismo, 5- el excesivo sentido de responsabilidad, 6- el maltrato sexual en la niñez y 7- el enfado excesivo.
Durante los períodos de tensión, estas dificultades internas se activan. Entonces pueden surgir fuertes tentaciones homosexuales en un intento por encontrar alivio o un escape al dolor emocional inconsciente. Esta dinámica de dolor emocional que puede llevar a la homosexualidad rara vez se manifiesta durante la infancia, pero normalmente se revela al principio de la adolescencia.
Veamos a continuación con más detalle cada uno de estos factores causantes de la homosexualidad que hemos mencionado:
1. Soledad y tristeza
En el pasado, la causa que con más frecuencia se veía de la tristeza que conduce a la homosexualidad en los muchachos era el rechazo, durante la infancia y la adolescencia, por parte de sus compañeros, con motivo de sus limitadas aptitudes atléticas. [Sin embargo, por razón de lo que se verá a continuación, trataremos esta causa un poco más adelante.]
Más recientemente, el fracaso matrimonial y familiar, con casi un 45% de niños y adolescentes que viven separados de sus padres, ha producido serios problemas de tristeza y soledad en la juventud. El Papa Juan Pablo II, en su Carta a las familias de 1994, ha descrito la trágica suerte de estos jóvenes, caracterizando a muchos de ellos como "huérfanos con padres vivos".
Cuando no se satisface la necesidad de cariño, aprobación, afecto físico y ánimo de un padre, se desarrolla un vacío interior comúnmente llamado "hambre de padre". En un intento por superar este dolor, algunos adolescentes y jóvenes adultos buscan el confort de ser abrazados por otro hombre. En mi experiencia clínica he observado que mientras más temprano es el abandono paterno, mayor es la posibilidad de que se desarrollen tentaciones homosexuales.
Mientras que muchos hombres no han recibido el ánimo y afecto físico de sus padres, y nunca han desarrollado inclinaciones homosexuales, los particularmente vulnerables son aquellos que, a causa de limitadas actitudes atléticas, tampoco fueron aceptados por sus compañeros.
También, en algunos chicos especialmente sensibles, un continuo maltrato por parte de sus hermanos mayores produce una soledad interior que puede llevarlos a sentir inclinaciones homosexuales.
La falta de cariño, afecto y ánimo de una madre también puede producir un vacío y una terrible tristeza. Algunas chicas intentan llenar ese vacío del amor materno dulce y consolador por medio del comportamiento homosexual. Esta "soledad sin madre" no se observa tan a menudo como la "soledad sin padre", porque las madres generalmente tienen mucha más libertad a la hora de comunicar su amor y su ánimo a los hijos que la que tienen los padres.
Sue era la más joven de tres hijos, y tenía cuatro años cuando su madre los dejó. Vio a su madre intermitentemente durante su infancia, pero nunca sintió intimidad con ella. Sue salió con muchachos varias veces en el Instituto, pero cuando tenía alrededor de 20 años se involucró en relaciones homosexuales.
Comenzó a tratarse con psicoterapia para resolver la tristeza y el enfado que sentía hacia su madre. Conforme su entendimiento del problema crecía, se dio cuenta de que ninguno de los chicos con los que había salido podía proporcionarle el afecto que la niña pequeña en su interior ansiaba de su madre.
Durante un tiempo el afecto de sus novias le consolaba. Sin embargo, estas relaciones no la satisfacían tampoco. Poco a poco Sue vio que la niña pequeña que llevaba dentro necesitaba curarse del dolor de esa "soledad sin madre" antes de que pudiera tener una relación adulta de amor estable y sin relaciones sexuales fuera del matrimonio.
Algunos adultos que se sienten muy frustrados y solos porque todavía no han encontrado la persona correcta para casarse caen en un comportamiento homosexual en su intento de aliviar esa soledad. Algunas personas casadas comenten actos homosexuales como resultado de la tensión y soledad en su matrimonio. También, la tristeza y la soledad que se siente después de un serio fracaso matrimonial puede resultar en una conducta homosexual, porque estas personas tienen miedo de volverse vulnerables ante alguien del sexo opuesto. En mi trabajo he visto este tipo de conducta ocurrir más frecuentemente en las mujeres.
Como la soledad es una de las experiencias más dolorosas de la vida, se gastan enormes cantidades de energía inconscientemente en un intento de negar la presencia de ese dolor tan debilitante. Como resultado, muchas personas ni siquiera saben que están luchando contra esa profunda herida emocional. Frecuentemente tienen miedo de afrontarla, en parte porque no creen que se pueda curar. De hecho, los que así piensan tienen razón cuando sus intentos de curarse excluyen la espiritualidad, porque ninguna cantidad de amor de otros adultos puede compensar lo que no se recibió de su padre, madre, hermanos y amigos de la infancia o adolescencia. Muchos hombres y mujeres con estas dolorosas heridas emocionales de soledad y tristeza prefieren creer que son homosexuales para no enfrentarse con su terrible situación interior.
El fracaso de cualquier relación adulta, a la hora de llenar el vacío de la soledad infantil y adolescente, es la mayor causa de la extraordinaria promiscuidad en el estilo de vida homosexual, y por eso algunos estudios arrojan un promedio de 60 compañeros/as sexuales al año. Inconscientemente, estas personas no buscan un compromiso estable, porque sienten que ningún adulto puede satisfacer al niño y adolescente interior. Tal proceder compulsivo, patológico y peligroso para la salud apoya la idea de que la homosexualidad es un serio desorden emocional, mental y conductual.
Por supuesto, los conflictos de soledad y tristeza se pueden manifestar de muchas formas aparte de un comportamiento sexual, como, por ejemplo, las actuaciones infantiles de dependencia, una constante necesidad de atención y afecto, una excesiva fantasía sexual, masturbación compulsiva, atracción hacia los adolescentes, dependencia en la pornografía, comportamiento narcisista, agotamiento y síntomas de depresión.

2. Profundos sentimientos de ser inadecuado y falta de autoaceptación
La homosexualidad también puede ser el resultado de fuertes sentimientos de inseguridad. La desconfianza en sí mismo se suscita por el rechazo de padres, compañeros, hermanos u otras personas significativas en las cuales se ha depositado la confianza. En un intento inconsciente de deshacer una historia de rechazos, la persona busca reafirmarse y ser aceptado por miembros del mismo sexo. En mi experiencia clínica este doloroso conflicto emocional se observa mucho más frecuentemente en hombres que en mujeres.
La autoestima se basa principalmente en la aceptación de un modelo de conducta en la primera infancia, el niño de su padre y la niña de su madre. Todo niño pequeño añora recibir la aceptación, al apoyo y el ánimo de su padre -- de esta forma establece un sentido positivo y un grado de bienestar consigo mismo. Aunque el amor de una madre es esencial para los niños, no es tan importante como el amor y la afirmación del padre para la formación de una sana identidad masculina. La falta de reacciones positivas de un padre produce una seria debilidad en la imagen masculina y una falta de autoaceptación. Muchos de los que sufren inclinaciones homosexuales crecieron de niños pensando que nunca podrían agradar a sus padres.
Los hermanos mayores también juegan un papel importante en la formación de una positiva identidad masculina en la infancia. Los rechazos en estas relaciones pueden producir un serio debilitamiento de la autoestima masculina. Sin embargo, las desilusiones más comunes de la vida infantil que producen inclinaciones homosexuales son el resultado de los rechazos por parte de amigos a causa de una deficiente coordinación psicomotriz y atlética. Esta es una limitación especialmente dura de tener en una cultura obsesionada hasta tal punto con el éxito deportivo que se llega a considerar ese éxito como el indicador principal de la masculinidad. Los niños que no son buenos atletas son a menudo víctimas del rechazo y del ridículo. Frecuentemente les dan apelativos femeninos y les llegan a decir que corren o juegan como una niña. A medida que estos rechazos continúan año tras año, estos chicos se sienten cada vez más inadecuados, confusos, solos y débiles. El maltrato de los compañeros produce en ellos una imagen muy deficiente de su cuerpo y de su masculinidad. La angustia de estos chicos puede llegar a ser tan dañina que puede hasta anular los beneficios psicológicos de una positiva relación con su padre. Para muchos de estos chicos, las inclinaciones homosexuales comienzan en el sexto o séptimo grado. La inclinación es siempre hacia adolescentes fuertes y atléticos. En los 50 y 60, se realizó un estudio en Nueva York de 500 varones que se consideraban homosexuales. El estudio reveló que más del 90% de ellos tenía problemas de coordinación atlética y que de pequeños fueron objeto de humillación por parte de sus compañeros. Muchos contaron que no sólo se sentían fracasados como varones porque no eran buenos en el deporte o porque no les gustaba, sino que también sentían que desilusionaban a sus padres, quienes -- en su opinión -- esperaban que fueran buenos atletas. La falta de interés por los deportes interfería en la relación y unión íntima entre padre e hijo. La necesidad de ser aceptado por otros varones es esencial para el desarrollo de una positiva identidad masculina y es anterior al nivel de desarrollo adolescente. Si la autoaceptación no ocurre por medio de la afirmación de otros compañeros, raramente podrá un muchacho sentirse atraído hacia las muchachas.
Lou era un estudiante universitario muy bueno que había considerado la vocación sacerdotal desde su temprana adolescencia. Sin embargo, su mayor obstáculo era la presencia de inclinaciones homosexuales que comenzaron cuando tenía 13 años. Buscó el consejo de un sacerdote en su universidad que le dijo que continuara con la idea del sacerdocio, pero que tratara de aceptar su homosexualidad y de sentirse cómodo con ella, ya que Dios lo había creado así. En aquel momento de este consejo tan equivocado, ni Lou ni el sacerdote tenían la menor idea de la influencia que había ejercido sobre él el constante rechazo que había sufrido por parte de sus compañeros durante la infancia y la adolescencia. Sus compañeros a menudo le ponían apodos femeninos porque, según ellos, lanzaba la pelota como una niña.
Lou decidió que no podría tomar el camino del sacerdocio porque no sería capaz de vivir consigo mismo si intentaba llevar una doble vida: practicando la homosexualidad y al mismo tiempo presentándose ante la comunidad católica como un sacerdote célibe.
Durante varios años Lou intentó vivir como un homosexual. Más tarde, buscó ayuda psicológica porque sentía repugnancia hacia muchos aspectos de ese estilo de vida, especialmente hacia la promiscuidad tan extrema y el abuso de sustancias. No podía aceptar que eso fuese el plan de Dios para su vida.
Hace varios años, en la conferencia nacional del grupo Courage ("Coraje") -- grupo que ofrece ayuda para las personas homosexuales para que vivan castamente -- pude confirmar la influencia que tienen los rechazos de los compañeros en el desarrollo de los deseos homosexuales. Después de una charla sobre los orígenes de la homosexualidad y sobre la curación de la soledad y el enojo en aquellos que estaban afectados por este desorden, toda la hora siguiente la ocuparon las historias personales de hombres cuyas identidades masculinas fueron heridas y los diferentes tipos de comportamientos sexuales relacionados con el rechazo durante la infancia y la adolescencia por causa de la falta de habilidad deportiva. Estos hombres compartieron con la audiencia que los rechazos de sus compañeros jugaron un papel mucho más importante en el desarrollo de sus impulsos homosexuales que las heridas causadas por una mala relación con sus padres.
Los conflictos básicos de una baja autestima se manifiestan de diferentes maneras en los varones que tienen inclinaciones homosexuales. Entre estos conflictos se encuentran: una atracción obsesiva hacia hombres atléticos y musculosos; una necesidad excesiva de actuar de forma agresiva; una necesidad compulsiva de aumentar la musculatura; y un profundo sentimiento de no ser amados.
3. Desconfianza y miedo
Otro factor importante en el desarrollo de la homosexualidad es el miedo a ser vulnerable en las relaciones heterosexuales. Esta incapacidad de sentirse seguro amando a alguien del sexo opuesto es usualmente inconsciente y la mayoría de las veces tiene su origen en experiencias traumáticas en el hogar.
En el caso de los varones, puede ser la consecuencia de haber tenido una madre demasiado controladora, excesivamente dependiente, enfada y crítica, poco afectiva y fría, narcisista e insensible, muy desconfiada, adicta o enferma.
En el caso de las chicas, el miedo de confiar en cualquier varón en una relación amorosa puede surgir de haber tenido un padre muy enfadadizo, rechazador y distante, insensible hacia su madre, abusivo, duro, egoísta, adicto o falto de afecto. Actualmente, el abandono de un padre a causa del divorcio es una de las mayores fuentes de desconfianza que muchas chicas experimentan hacia los chicos. Estas chicas desarrollan una fobia inconsciente de ser heridas como vieron que lo fueron sus madres. Como resultado, durante un tiempo se sienten seguras sólo con el amor consolador de otra mujer.
Diane era una joven arquitecta cuyo padre era un enojado alcohólico. Había presenciado durante años el maltrato físico y psicológico que su padre le había infligido a su madre. En los comienzos de su adolescencia, a Diane le atraían los chicos e incluso salió con ellos. Pero en la universidad se encontró mucho más a gusto con otras chicas y acabó por darse cuenta de que tenía mucho miedo de ser herida como su madre, si se comprometía con un hombre. A Diane no le satisfacían sus relaciones homosexuales. Durante la terapia, reconoció que su padre controlaba sus relaciones con los muchachos y decidió actuar resueltamente para romper ese dominio paterno sobre sus relaciones de amistad con los hombres.
La madre de Pete era una mujer muy sarcástica que había tenido un padre alcohólico. Rara vez Pete vio a su madre mostrar afecto hacia el padre de él, al contrario, a menudo lo criticaba mucho. Pete acabó por entender que la necesidad compulsiva de su madre de controlar las cosas en casa venía del miedo que ella había experimentado en su propia familia como resultado del caos que acompañaba a un padre bebedor. Pero para Pete el control de su madre era asfixiante y, como resultado, hizo lo que pudo para distanciarla. Pero como ella era el fundamento para relacionarse con otras mujeres, Pete no se sentía emocionalmente compatible con las chicas que encontraba atractivas.
Temía que si se volvía vulnerable ante ellas, acabarían por ser tan insensibles como lo era su madre con él y con su padre. Sus tentaciones homosexuales se desarrollaron por el miedo a confiar en el amor femenino y, al mismo tiempo, por su necesidad de afecto por parte de alguien en quien pudiera confiar.
La desconfianza también puede desarrollarse como resultado de vivir en una casa con frecuentes conflictos y peleas entre los padres. Como la relación entre los padres es el modelo para un niño/a de lo que es una relación heterosexual, un matrimonio mermado por el constante dolor y conflicto puede llevar a que el hijo o la hija desarrolle un miedo de volverse vulnerable ante las personas del sexo opuesto. Este miedo puede llevar a algunos a caer en una relación homosexual. Una dinámica similar se presenta a veces después de un divorcio, cuando muchos adultos tienen miedo de ser heridos por las personas del sexo opuesto y se retraen en una relación homosexual. La epidemia de divorcios en nuestra cultura actual está causando también un miedo muy grande entre los jóvenes adultos de asumir el compromiso del matrimonio.
La desconfianza y el miedo a un compromiso total, como lo es el matrimonio, son extremadamente comunes en los que sufren inclinaciones homosexuales. La rampante promiscuidad sin fidelidad a nadie de hoy en día es una de las manifestaciones más significativas del miedo al compromiso. Según el Dr. William Foege, director de los Centros para el Control de las Enfermedades o CDC (Centers for Disease Control) de EE.UU., la víctima promedio del SIDA ha tenido 60 compañeros sexuales durante el último año.
En el caso de los católicos, esta desconfianza se manifiesta como una desconfianza hacia Dios Padre como un Padre afectuoso o hacia María como una madre afectuosa.
El comportamiento sexual compulsivo, muy peligroso para la salud y la vida de un gran porcentaje de homosexuales puede indicar la presencia de un desorden adictivo en estas personas. A pesar de que la categoría diagnóstica específica de adicción sexual no ha sido oficialmente aceptada todavía en el campo de la salud mental, existen programas clínicos en varios lugares de EE.UU. para el tratamiento de las adicciones sexuales y también existe una revista dedicada completamente a este tema.
La adicción sexual se parece al desorden de abuso de sustancias en que las personas que la practican tienen una comportamiento compulsivo y médicamente dañino. Estas personas también se engañan poderosamente a sí mismas en cuanto al serio peligro que su comportamiento entraña para la salud propia y para la de otros. Además, muchos terapistas consideran que la adicción sexual, al igual que otras, es el resultado de numerosos conflictos emocionales.
La opinión clínica de que el comportamiento homosexual tiene mucho de adictivo ha recibido el apoyo de numerosos estudios sobre el homosexualismo y también del hecho de que en años recientes se ha estimado que la mitad de todos los hombres homosexuales de Nueva York portan el virus del SIDA. La naturaleza adictiva de la conducta homosexual también explica por qué las infecciones del virus del SIDA se han cuadriplicado en San Francisco desde 1987.
Además de todo esto, el comportamiento homosexual de muchas personas es frecuentemente precedido del uso del alcohol y de drogas. El Padre Mike practicaba la homosexualidad después de consumir alcohol. Luego sentía una enorme culpabilidad pues verdaderamente deseaba seguir la enseñanza de Cristo y de la Iglesia. Conocía el valor del celibato y deseaba vivirlo.
Afortunadamente, fue capaz de entender y poner los medios para vencer la adicción al alcohol y a la homosexualidad.
4. Narcisismo
El narcisismo o egoísmo es otro factor principal de la homosexualidad. El narcisismo tiene varios aspectos atrayentes, como el no tener que comprometerse con otra persona en el matrimonio o no tener que darse completamente como padre. El narcisista quiere permanecer infantilmente con obligaciones mínimas en sus relaciones interpersonales y con pocas limitaciones en la búsqueda del placer. El hedonismo caracteriza a muchos de los que practican la homosexualidad.
Otra seria manifestación del narcisismo en la homosexualidad es el albergar pensamientos de grandeza. Esos pensamientos hacen que la persona se crea muy superior a los demás y que es tan especial y tan excepcional que se cree incluso inmune al virus del SIDA. Todo esto explica por qué muchos homosexuales viven un modo de vida muy peligroso para la salud y para la vida.
Anthony era un joven extremadamente egoísta, y en eso se parecía mucho a su madre. Durante su niñez se sintió privado de apoyo material y emocional, porque su madre gastaba la mayoría de los modestos ingresos de la familia en ella misma. Recordaba, por ejemplo, sentirse avergonzado de la ropa que usaba de pequeño.
Como reacción a esas privaciones, pensaba que la vida le debía mucho. Su mundo llegó a estar completamente centrado en sí mismo. Creía que podía usar a la gente para satisfacer su constante deseo de placer y no sentía ningún serio remordimiento por el hecho de tener relaciones homosexuales con un promedio de 60 a 100 compañeros al año.
5. Intentos de evadir un excesivo sentido de responsabilidad
Algunos intentan escapar de excesivas presiones y cargas practicando la homosexualidad, en la cual no hay compromiso, obligaciones ni responsabilidad. Hay hombres casados que a veces luchan contra una intensa inseguridad después de experimentar la tensión que le causa un jefe negativo, una falta de éxito profesional o una ansiedad arrolladora por cuestiones financieras. Entonces empiezan a ver a sus esposas e hijos como cargas y dificultades, en vez de verlos como dones de Dios. Practican la homosexualidad en un intento de evadir la tensión y de sentirse más amados y especiales. Las ideas perfeccionistas llevan a sentir una responsabilidad excesiva. Este conflicto interfiere con la capacidad de estar tranquilo y de recibir el don del amor que viene de la familia, de los amigos y más aún del Señor y de María.
Jim era un hombre agradable, estaba casado y tenía dos hijos. Disfrutaba de su trabajo; sin embargo, éste era muy exigente y lleno de presiones. Su esposa Jean también tenía una carrera ocupada y llena de tensión. Por las tardes, además de atender a sus hijos, los dos les dedicaban tiempo a sus respectivas carreras. Como resultado, pasaban poco tiempo juntos.
Bajo esta tensión Jim empezó a visitar librerías pornográficas cerca de su trabajo y allí se involucró en el homosexualismo. Luego se sentía muy culpable por haber traicionado a su esposa, a sus hijos y a Dios.
Cuando un marido está emocionalmente distante o ausente de su familia, la esposa puede sentir una intensa soledad y, como resultado, empieza a depender emocionalmente de un hijo. A menudo hablará con él cosas y preocupaciones que normalmente compartiría con su esposo. Mientras que la mayoría de los jóvenes disfruta a nivel consciente de esta relación con sus madres, inconscientemente empiezan a preocuparse excesivamente y a sentirse demasiado responsables por ellas. Posteriormente pueden desarrollar inconscientemente una visión del amor femenino como una carga agotadora.
Ralph era el mayor de tres hijos y creció en un hogar en el que su padre tenía una gran dificultad en expresarle amor a su familia. La necesidad de su padre de distanciarse de los demás era a su vez el resultado del alcoholismo de sus padres. Las heridas en la infancia de este hombre le hacían incapaz de darse a los demás porque se sentía inseguro e intranquilo al relacionarse interpersonalmente en términos de amor y cariño. A consecuencia de esto, la madre de Ralph era muy infeliz y se divorció cuando Ralph tenía 12 años. Ralph recordaba sentirse el hombrecito de la casa después del divorcio de sus padres.
Sentía que tenía que hacerse responsable de su madre y de sus hermanos menores.
Cuando Ralph tenía 13 años le gustó mucho una chica de su clase. Pero se sentía confundido porque no sentía atracción física hacia ella. Continuó confuso por esto y, aunque no quería sentirse atraído hacia los hombres, experimentó sus primeros deseos homosexuales cuando tenía 15 años.
Ralph comenzó la terapia cuando tenía 25 años. Nunca había practicado la homosexualidad y esperaba poder superar sus tentaciones homosexuales y casarse algún día. Al principio del tratamiento, Ralph se dio cuenta de que se había sentido excesivamente responsible por la felicidad de su madre durante muchos años y que esto había constituido para él una gran carga. Esa presión le había causado un miedo inconsciente de entrar en una relación profunda con una chica.
Bajo la presión de estos conflictos, las relaciones homosexuales le parecían atrayentes por estar libres de excesiva responsabilidad. Su mayor conocimiento de sus miedos a un compromiso de amor con una mujer le liberaron y le llenaron de esperanza para el futuro.
6. Trauma sexual en la infancia
Un buen número de varones que fueron violados o maltratados sexualmente en su infancia desarrollan una confusión con respecto a su identidad masculina. Al igual que otras víctimas de violación, piensan que de alguna manera causaron el abuso. Durante la adolescencia, su relación con las muchachas está mermada por la vergüenza y por la creencia de que ninguna chica podría amarles si conociera sus experiencias sexuales.
7. Enfado excesivo
El tipo de enfado que más induce la homosexualidad es el enfado consigo mismo. Como resultado de un continuo rechazo por parte de sus compañeros, muchos niños adquieren un intenso disgusto hacia sus propios cuerpos – piensan que éstos son débiles, poco atractivos y poco masculinos. Se sienten tan incómodos con su físico que pasan muchísimo tiempo fantasiando sobre cómo escapar de su cuerpo y entrar en el cuerpo de otro. Esta ilusión enfermiza puede empezar cuando son jóvenes e inducir una fuerte atracción física hacia otros del mismo sexo.
La experiencia de ser sostenido y abrazado por alguien del mismo sexo puede disminuir el sentido de autorrechazo durante algún tiempo. Sin embargo, la incomodidad o el disgusto hacia el propio cuerpo persiste, a pesar de la afirmación, afecto o actividad homosexual. Esto ocurre porque el afecto en la adolescencia o después de ella no puede deshacer el odio hacia uno mismo que se ha experimentado en la infancia y en la adolescencia.
En muchos homosexuales, la conducta autodestructiva, peligrosa, adictiva y sadomasoquista nace de un intenso disgusto hacia uno mismo. El enfado consigo mismo también puede llevar al varón a vestirse como una mujer.
Finalmente, el colmo de la aversión hacia uno mismo y hacia el propio cuerpo se puede observar en aquellos que se someten a cirugía para cambiar de sexo.
Paul era sensible y muy tímido debido a su pequeña estatura. Aunque no se sentía directamente rechazado por sus compañeros, se sentía débil e inadecuado. Como no era físicamente fuerte, pensaba que no podía practicar ningún deporte. A medida que aumentaba en él el sentimiento de auto-aislamiento de sus compañeros, también aumentaba el disgusto hacia su propio cuerpo. Le preocupaba mucho su apariencia física y nunca se sentía cómodo quitándose la camisa en el vestuario de la escuela o en la piscina en el verano.
Antes de su adolescencia, Paul empezó a obsesionarse con los cuerpos bien formados de sus amigos. A este pensamiento obsesivo le siguieron fuertes sentimientos de atracción hacia esos muchachos y luego deseos homosexuales.
Cuando comenzó a practicar la homosexualidad en la universidad, usualmente se imaginaba que asumía el cuerpo de sus compañeros homosexuales y que se despertaba con un físico diferente. Sus primeros encuentros homosexuales le produjeron un sentimiento muy superficial de sentirse especial y de ser amado, pero no le daban una mayor auto-aceptación. De hecho, a medida que caía en la promiscuidad se sentía cada vez más incómodo consigo mismo, entonces decidió empezar a recibir terapia.
En un grupo reducido de personas, la homosexualidad se origina en una "necesidad" de rebelarse fuertemente contra sus padres, su familia, sus compañeros, la cultura judeo-cristiana o Dios. La conducta homosexual que es inducida por el enfado se observa en aquellos cuyos padres del sexo opuesto eran extremadamente controladores, emocionalmente insensibles, físicamente abusivos o profundamente narcisistas.
Al igual que a otra gente enfadada, esa rebelión les produce cierto placer. A algunos de ellos les encanta que sus madres sepan cómo su estilo de vida es el rechazo extremo de un amor femenino o (en el caso de las lesbianas) como sus padres comprueban que no sienten necesidad del amor masculino. El enfado excesivo también se manifiesta en otros aspectos de la vida homosexual. El más notable es el enfado agresivo-pasivo, que consiste en un silencioso desahogo de hostilidad mientras se pretende no estar enfadado y se manifiesta en no informar al compañero sexual de que se es portador del virus que causa del SIDA. Estas personas a menudo sienten que porque ellos tienen que sufrir, otros también deben hacerlo. Por último, se observa también un intenso enojo en los homosexuales dentro de los medios de comunicación social, en la educación, en la salud o en la política, cuando intentan obligar al resto de la sociedad a que acepte la homosexualidad. A menudo sus métodos consisten en asaltar directamente a la moral judeo-cristiana, a la familia y a las diferencias básicas entre el hombre y la mujer.

Fuente: Aciprensa

La homosexualidad una anomalía curable

A pesar de la crudeza de la exposición es bueno saber que prácticas son las que se producen en el mundo homosexual para ver que es lo que los candidatos de los partidos políticos mayoritarios han defendido y se proponen amparar con los recursos del Estado
Como todo el mundo sabe, la aparición de la homosexualidad ha estado siempre ligada, en todas las civilizaciones que ha habido en la historia, a una época de decadencia; ha estado siempre ligada a las sociedades corrompidas por la pérdida de valores. Efectivamente, como los valores son la infraestructura que sustenta todo lo demás, cuando éstos comienzan a decaer -ya sé que no es necesario que recuerde ahora que ésta es una de esas épocas-, entonces decae también todo lo demás (la cultura, la ética e incluso algo tan bajo como la economía). Es de sobra conocido que cuando sucede esto, la mayoría de la gente empieza a apartarse de la Verdad y a llevar una vida alejada de ella, porque el ser humano llega a tal punto de degradación que ya no se preocupa por los demás y ha perdido la voluntad y la conciencia. Es en estos casos cuando la mayor parte de la gente, en vez de resistir valientemente como una roca, entierra su voluntad y cierra los ojos ante la Verdad que tuvo la oportunidad de ver, dejándose engañar y llegando incluso a caer tan bajo que, para no molestarse, llega hasta a afirmar que es normal la vida depravada, materialista (...),
Como puede comprobar cualquiera de los lectores, si se molesta en investigar y no tragarse sistemáticamente todo lo que oye por ahí o ve en televisión, esa enfermedad mental degenerativa conocida como homosexualidad, en sus diferentes variantes, aparecía, hasta los años sesenta, en la lista de enfermedades de la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud), organismo integrado en la O.N.U., y de la cual fue retirada por las presiones, no por ningún descubrimiento científico que apoyase la homosexualidad. (...)
Entonces, si la ciencia ha estado siempre de acuerdo en este punto, ¿por qué negar ahora que eso es intrínsecamente antinatural y que no aparece en ningún otro ser vivo? ¿por qué abandonar a un pobre enfermo y no ayudarle a superar su anomalía?
Según describe cualquier diccionario, la enfermedad es una alteración más o menos grave del equilibrio orgánico y/o psíquico que es característico de una persona en sus relaciones con el medio natural y social en que desarrolla su actividad. En una pareja de homosexuales no es posible una realcomplementariedad ni emocional, ni física, ni mental, ni sentimental,
La palabra gay en griego es malakoswmoV, que tiene la misma raíz que enfermedad (malakia). Según las conclusiones de los científicos y psicólogos de todo el mundo (entre los que puedo citar, como ejemplo, al gran psicólogo holandés Van der Aardweg, al doctor estadounidense Edward R. Fields o al español Vallejo Nájera), la homosexualidad es una neurosis, salvo en algunos casos poco frecuentes, que, según las estadísticas, son del 0,001% de los casos; en esos casos minoritarios, que son los únicos que nacen homosexuales (ya que hay que recalcar que el restante porcentaje es adquirido), se trata de una mutación genética, por lo tanto es una mutación genética anómala. Si es una neurosis, que, como ya he dicho, son el 99,99% de los homosexuales, los tipos de homosexualidad, atendiendo a su causa, podemos dividirlos en cinco, que son los siguientes:
1º)Haber crecido en un ambiente marcado por muchas contradicciones que el niño no ha sabido superar de manera normal, al observar entornos posicionados muy opuestos entre sí, especialmente entre los ocho y los doce años.
2º)Haber sufrido un abuso sexual homoerótico durante la niñez o la pubertad
3º)Haber crecido en un profundo temor a acercarse al sexo opuesto, lo que le ha llevado a desarrollar esa tendencia desviada.
4º)Haber vivido con un apego anormal a la madre, si es niño, o al padre si es niña, de tal modo que en su mente se crea una extraña aversión a las relaciones amorosas con el sexo opuesto, que le puede llevar a desarrollar atracción sexual hacia su mismo sexo.
5º)El último caso es el único que no está unánimemente considerado como enfermedad directamente ligada a la homosexualidad, sino que algunos consideran que sólo se trata de una depravación que más bien dentro de las anomalías psicológicas causadas por el abuso del sexo: Se refiere a las personas que han crecido fuertemente dominadas por la masturbación y que, poco a poco, por no imponer su voluntad a los deseos del cuerpo, se han ido entregando a un total desenfreno con las mujeres, hasta que están hartos, y como la copa del placer acaba vaciándose por no saberla administrar, su cuerpo, que está totalmente dominado por la animalidad, les conduce a tomar nuevas vías, con tal de satisfacer su placer, y así comenzarán a probar de todo, porque su sistema nervioso está plenamente dañado por la reincidencia en el vicio sexual, se aficionarán entonces a la homosexualidad, que les lleva también a la pedofilia, y con el tiempo cada vez a un mayor número de depravaciones sexuales, como la zoofilia, la necrofilia, etcétera. Éste es el tipo de homosexualidad más frecuente hoy en día, cada vez más fomentado por las modas y la falta de formación, así como por el progresivo desenfreno materialista y carente de valores de la sociedad actual.
Con estas explicaciones, no quiero decir que todos los que pasen por una de las cinco causas tengan que acabar homosexuales, sino que -como con todas las enfermedades adquiridas-, sucede como en la lotería, que cuantos más números compres, más fácil es que te toque, pero le puede tocar perfectamente a uno que sólo compre un décimo; y además, una enfermedad ataca a una persona en mayor o menos grado según la persona que sea, igual que un golpe en la nuca a unos les puede provocar la muerte y a otros no según la persona y según las circunstancias en que se produzca ese golpe.
Hay otro factor importante que no debemos despreciar: La homosexualidad puede confundirse (y confundirlo sería algo muy peligroso), con otras dos sentimientos humanos que se desarrollan en toda la gente, si bien en unas personas más que en otras, aunque con frecuencia mucho más entre las mujeres, son dos: Una es la especial sensibilidad hacia la belleza que sienten algunas personas, lo que las lleva a admirar las proporciones, la armonía, la estética, no sólo de personas del mismo sexo, sino también del opuesto, y también de los paisajes y de todos los seres y objetos que disfrutan en contemplar; la otra es una especial sensibilidad hacia todas las muestras de cariño y aprecio, tanto del mismo sexo como del sexo opuesto. Ambas son sensibilidades, por ello no tienen nada que ver con otro tipo de tendencias, sino que más bien son sentimientos estéticos o necesidad de afecto.
Y ahora que he aclarado bien lo que es homosexualidad y lo que no lo es, y he descrito qué tipo de enfermedad es la homosexualidad, voy a pasar a describir las terribles consecuencias, a menudo irreparables, que la homosexualidad acarrea no sólo a los homosexuales que no traten su anomalía, sino que se extienden a cientos de personas inocentes por ese egoísmo y falta de consideración, aparte de la perversidad de los demagogos por conseguir votos, aunque sea a costa de la salud de la gente:
Según los estudiosos, el SIDA llegó a extenderse por toda Europa y América como consecuencia de las actividades sexuales de los gays y por ellos se extendió a otros segmentos de la población a causa de las prácticas bisexuales. La prensa omite las prácticas para no escandalizar a la gente, pero para mostraros a todos cómo la Iglesia nunca se ha equivocado en materia de fe y moral -que son inmutables y eternas, porque emanan de la Verdad-, y para que veáis las horribles consecuencias que acarrean estas prácticas para ellos, y para la sociedad entera, sumaré a mi exposición las estadísticas de Corey & Colmes:
a)Sexo oral: Practicado en un 100% de los casos; en muchos casos ingieren semen, que contiene los mismos gérmenes que la sangre, por tanto, es igual de peligroso que tragar sangre.
b)Sexo anal: Practicado en un 90%, con una media de 68 relaciones anales al año. Durante el acto, el recto es como un recipiente que mezcla saliva, heces fecales, semen, y todos los gérmenes que haya en ellos. La pared rectal tiene el grosor de una célula; el desgarro es frecuente, con lo que acuden todo tipo de contaminantes a la corriente sanguínea, con lo que se facilita la transmisión de la Hepatitis B, enfermedad que es transmitida fácilmente a gente inocente a través de los servicios de alimentación; ésa es una de las ocupaciones favoritas de los homosexuales, así que centenares de personas inocentes están expuestas a esa enfermedad a través de los alimentos.
c)Fisting: Es la práctica gay de introducir diversas clases de animales vivos y objetos en el ano. Con frecuencia son requeridos los servicios médicos para extraer esos objetos y a menudo los daños son difícilmente reparados por la cirugía.
d)Sexo fecal: el 80% de los homosexuales lo practican. Consiste, literalmente, en lamer el ano. Es la principal causa de hepatitis y de contagios parasitarios. Por ejemplo: Según el departamento de Sanidad Pública de San Francisco, entre el 70 y el 80% de los casos de hepatitis en esa ciudad se da entre homosexuales. La hepatitis es altamente contagiosa y se desarrolla en condiciones de escasa higiene. Mata a la mayoría de sus víctimas, pues destroza el hígado. Personas inocentes están en peligro por los homosexuales que trabajen en cocinas, de enfermeros o de camareros.
e)Sexo urinario: 29% de los homosexuales. Comúnmente llamado "lluvia dorada". El homosexual es rociado y llega a beber orina, sustancia altamente tóxica cuyo consumo puede causa, eventualmente, la muerte.
f)Sadomasoquismo: 37% de los homosexuales. Consiste en infligir o recibir torturas para conseguir placer sexual. Muchas muertes por esta práctica han sido atribuidas a accidentes en grandes ciudades.
g)Encuentros sexuales anónimos: 41% de homosexuales en urinarios públicos y el 60% en baños públicos; el 64% admite consumir drogas durante esos encuentros.
Según los últimos estudios médicos, un homosexual común sodomiza 108 varones al año, traga el semen de 48, permite que le penetren 68 e ingiere heces de 19 como media. El 85% de homosexuales contrae hepatitis, un 49% han sido infectados con parásitos intestinales (lombrices, gusanos, amebas....). A pesar de que esas infecciones intestinales y el SIDA no se solían dar más que en naciones subdesarrolladas, el 83 % de los casos de SIDA en 1992 en EEUU se dio en homosexuales y bisexuales. Los bisexuales transmiten a otras mujeres esas enfermedades y ellas a sus hijos o a otros hombres, extendiéndose así por toda la sociedad. Con el daño infligido al propio cuerpo por la antinatural actividad homosexual, proliferan todo tipo de agentes patógenos, constituyendo un serio y grave peligro para la salud pública.
Según los estudios del doctor P. Cameron: El promedio para la muerte de un hombre blanco casado es de 75 años, en cambio para un gay, la media está en 42 años, y sólo el 9% llega a sobrepasar los 65 años.
El promedio de vida de una mujer blanca casada es de 79 años, mientras que en lesbianas el promedio es de 45 años, de las cuales sobrepasan los 65 años tan sólo el 24%.
Los gays tienen 102 veces más posibilidades de ser asesinados, generalmente por otros gays; cometen suicidio 25 veces más a menudo y tienen un promedio de accidentes de tráfico de 19 veces más. Todo esto es un reflejo de sus serios problemas emocionales.
El 21% de las lesbianas mueren por asesinato, suicidio o accidente, es decir, un promedio 534 veces mayor que el de las mujeres heterosexuales.
La gran mayoría de asesinos en serie son gays: Wayne Williams (asesino de niños), John Wayne Gacy, etc.
En España, el caso Arny fue muy defendido por la prensa; ese famoso caso de prostitución infantil se localizó en todos los bares gays de Sevilla. En fin, ya se sabe, donde aparecen homosexuales, raro es que no haya chaperos....
Una lesbiana de San Francisco, Roberta Achtenberg, miembro del gabinete Clinton, hostigó legalmente durante dos años a los Boy-scouts por negarse a admitir homosexuales en sus filas, ya que los grupos que promocionan esos delitos aconsejan a los homosexuales introducirse en escuelas, iglesias y grupos familiares para ganarse la confianza de los niños. ¿La causa?, está claro, como los homosexuales no se reproducen, necesitan este medio para reclutar jóvenes. Quienes proclamen que los homosexuales son normales, hacen un gravísimo y grandísimo daño a jóvenes inocentes que van a ser objetos de su acoso.
Dejando a un lado otros países, en España había al menos dos clínicas destinadas al tratamiento de homosexuales: Una de ellas se dedicaba también a otros campos de la medicina y psicología, pero fue cerrada hace unos años y su dueño encarcelado por una denuncia del colectivo de gays y lesbianas, que argumentó que llevar a cabo ese trabajo era anticonstitucional, por afirmar equivocadamente que era una atentado contra la libertad sexual. La otra clínica aún funciona y está en Navarra. Ambas han curado a una gran cantidad de homosexuales, de los cuales muchos actualmente están casados y llevan una vida normal con su familia. Los testimonios de agradecimiento son muy abundantes.
En algunos países como Canadá, no había consenso entre los especialistas, hasta el año 1999, año en que, gracias a las investigaciones de los expertos, se descubrió otro nuevo método de curación más rápido, pero su eficacia es menor, porque debe ser repetido cada cinco años para evitar que el afectado se vuelva a desviar. Esas investigaciones también pusieron de relieve que, en una gran parte de los casos, basta con el apoyo moral para salir del agujero. Creo que no es necesario hablar de que cualquier psicólogo o médico de buena categoría y sin implicaciones políticas bastaría para ayudar a superar la anomalía a una buena parte de los invertidos.
Ya que es curable, es un deber social y moral intentar ayudar a estas personas, que además suelen ser personas carentes de autoestima y que han padecido un desarrollo lleno de frustraciones. Sería una falta de amor al prójimo quedar impasible viendo cómo los oportunistas, sin ninguna ética ni moral, fomentan esa conducta y el llamado "orgullo gay" para ascender y estar bien vistos en una sociedad en que lo feo, lo mediocre y lo burdo están cada vez más de moda frente a lo decente, lo sublime y lo bello. Muchas veces, un egoísmo e individualismo hedonista son el combustible de estas tendencias desviadas, pues quien tiene un defecto y es un arrogante y un soberbio, no quiere ayuda y con frecuencia persevera en su desgracia, degradando su propia persona y corrompiendo al resto; sin embargo, no falta quien es humilde y abierto, y no cuesta ningún trabajo ayudarle con un pequeño esfuerzo de comprensión y amor, aunque también hay que reconocer que es necesario algo de perseverancia. Por otro lado, en muchas ocasiones, el llamado "orgullo gay" tiende a desviar a otras personas que no son homosexuales, sino que sólo son sensibles, y por ser personas demasiado inseguras, les hacen creer que son homosexuales y los arrastran también al agujero.
Los sectores más conservadores pretenden que la homosexualidad es un vicio; creer que la homosexualidad no es más que eso, no sólo es arriesgado, sino que además es una falta de caridad para con el desgraciado que ha tenido que sufrirlo. En cambio, los sectores progresistas pretenden que no es más que una opción de vida de cada persona , y lo conciben como algo totalmente normal. Ni lo uno ni lo otro. Como con buena voluntad decía nuestro catequista, hay un sano equilibrio, y, en base a las pruebas aportadas, podemos afirmar que es una enfermedad y que además es curable. Alguno dirá: ¡Pero Dios les ha hecho así!; también Dios permite que nazcan ciegos, autistas, retrasados mentales, y un largo etcétera. No obstante, aunque nazcan así, no dejan de ser personas y de tener un alma y unos buenos sentimientos humanos, y además ¿acaso me va a negar alguien que si pudiese no curaría a las personas que nacen con algún tipo de esas anomalías? Asimismo he demostrado que la homosexualidad es adquirida en un 99,9% de los casos, por lo que Dios no tiene que ver; más aún, Dios da libertad al género humano para que nos destruyamos entre nosotros llevando una vida fuera de toda armonía, o para que llevemos una vida feliz controlando las bajas pasiones y amándonos unos a otros. Dejaré a un lado los intereses que puedan tener los sistemas políticos plutocráticos en que haya una masa débil, homogénea y materialista para darle forma. También dejaré de lado que la impureza de cuerpo es lo que mina la fe, porque es un pecado que queda dentro, que mancha el cuerpo, templo del Espíritu Santo. Ya lo dijo san Agustín:"Nemo incredulus nisi impurus"(Nadie es incrédulo sino el que es un impuro); y es que el que se deja llevar y nadie le ayuda o no tiene suficiente fortaleza, perderá la fe y de paso intentará corromper a los demás. Esto le sucede a la gente de poca cultura o personalidad, que ante la influencia de lo poco que ha leído y lo parcial que era lo que ha leído, los paralogismos de sus amigos y la nefasta influencia de la televisión y las modas, le acaban llevando a la corrupción moral y espiritual que en ocasiones es causa de las depravaciones ya expuestas.
Resistid valientemente como rocas o acabaremos desechos como polvorones. Si con todo lo que he dicho, alguien tuviese aún la irracional y estúpida idea de considerar la homosexualidad una actividad normal, que venga Dios y lo vea. A ése yo le preguntaría ¿dónde está tu sensibilidad humana y tu amor a tus semejantes? ¿dónde vuestro sentido crítico?
En conclusión, podemos decir, sin duda alguna, que Dios ha hecho la sexualidad para una completa y total culminación del amor entre esposa y esposo que se materializa en el acto sexual matrimonial y llega a su máxima plenitud en el nacimiento de una criatura, que nace con el fin de convertise en hijo de Dios; en verdad esto da cohesión al amor del hombre y la mujer, llegando así a convertirse en una unión de cuerpo y alma en el amor, una plasmación de esa unión en una sola carne. El que es un ignorante con frecuencia suele ser también un soberbio, y el que es ambas cosas y no trata de remediarlo, tarde o temprano acaba hundiéndose en la charca de inmundicias del desenfreno sexual, olvidando que está demostrada la existencia de un solo y único Dios llamado Santísima Trinidad. Con la llegada de Cristo, por primera vez Dios mismo funda una religión, la única que pone de pie al hombre y lo eleva por encima de todas las depravaciones y degradaciones. Ya sabemos que la homosexualidad es una anomalía, y en algunos casos una perversión, pero es curable; en nuestras manos está ayudarles a integrarse socialmente como personas normales, o, por el contrario, dejar que esta lacra continúe extendiéndose, dañando, con sus consecuencias, a cientos y cientos de personas inocentes, hasta demoler completamente, con todas las enfermedades y abominaciones que acarrea, todas aquellas cosas a las que el ser humano debe su condición de persona. Sí, en nuestras manos está despreciar a esos pobres desdichados no teniendo en cuenta su condición humana, o en cambio respetarles, como personas que son, y ayudarles, y con eso hacer un inmenso favor a toda la humanidad. Si obramos bien, Dios también nos lo agradecerá.
Una vez hubo un pueblo en el que había un balneario que contenía la mayor parte de los ingresos de ese pueblo; un muchacho de ese pueblo descubrió que las aguas estaban contaminadas sus aguas y que cientos de personas se exponían a morir o enfermar a causa de las aguas; el joven advirtió a los poderosos lo que sucedía con las aguas, pero no le escucharon, sino que le ridiculizaban ante la gente y decían que sólo deseaba acabar con la fuente de ingresos del pueblo. Y decían muchas más mentiras de él para que nadie le creyese, porque si la gente se enteraba, se les acabaría el negocio., Con el tiempo, acabó muriendo el pueblo entero por ese balneario, el joven no, porque estaba encarcelado, pero miles de personas, en otros pueblos, acabaron sufriendo también las consecuencias de aquel balneario, cuyas inmundicias ya se habían extendido a pueblos que nada tenían que ver. Quien tenga oídos, para oír, que oiga

Fuente: Aciprensa